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Sexualidad animal

Los animales han desarrollado toda una gama de mecanismos para decidir si un individuo adquiere rasgos masculinos o femeninos. Las comparaciones entre especies ofrecen claves sorprendentes sobre la naturaleza de la sexualidad.

Una de las características fundamentales de la vida es la sexualidad, la división en machos y hembras. Consideraciones sexuales influyen en la apariencia, la forma, el comportamiento y la constitución química de casi todos los organismos pluricelulares. Pero, aunque resulte sorprendente, no sabemos por qué existe el sexo. En los últimos decenios, sin embargo, ha ido apareciendo abundante información sobre los componentes multifacéticos de la sexualidad; y revelan que muchos aspectos familiares son menos universales de lo que antaño se suponía. De la investigación emerge una nueva manera de entender las relaciones entre machos y hembras, y un atisbo sobre la forma en que evolucionó el sexo.

Entre los vertebrados, la sexualidad se expresa de formas diversas. Machos y hembras manifiestan peculiaridades muy distintas de orden químico, anatómico y conductual. Por lo que concierne al comportamiento, la divergencia obvia se evidencia en la actividad copuladora. En general, los individuos dotados de testículos intentan la inseminación (comportamiento masculino típico), mientras que los provistos de ovarios son receptivos a la inseminación (comportamiento femenino típico). Machos y hembras suelen diferir en otros aspectos menos patentes: grado de actividad, regulación del peso corporal, nivel de agresión y pautas de aprendizaje. Algunas acciones específicas del género se hallan asociadas a diferencias sistemáticas en determinadas zonas del cerebro, aunque no necesariamente causadas por éstas.

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