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  • Mayo 2018Nº 500

Oceanografía

Argo: conocer el océano global

Tras casi dos décadas de implantación y desarrollo, un gran proyecto internacional ha llevado el océano al primer plano de la investigación climática.

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El océano constituye una pieza clave del sistema climático. Junto con la atmósfera, se encarga de repartir por todo el planeta el calor que llega a las regiones tropicales y ecuatoriales, mucho mayor que el que alcanza los polos debido al ángulo de incidencia de los rayos del Sol. A partir del trópico de Cáncer, por ejemplo, el mar transporta energía hacia el norte a un ritmo de unos dos petavatios: una potencia equivalente a la que generarían dos millones de centrales térmicas de gran tamaño.

El estudio del océano resulta por tanto crucial para entender la variabilidad del sistema climático y predecir su comportamiento. Con esta idea en mente, a finales del siglo pasado tuvo lugar uno los principales hitos de la oceanografía moderna: la concepción del programa Argo. Hoy, este proyecto internacional de observación del océano cuenta con unas 4000 boyas distribuidas por todo el mundo que, en tiempo casi real, recaban datos sobre la presión, salinidad y temperatura de las corrientes marinas en los primeros 2000 metros de profundidad. En menos de 24 horas, todos los datos medidos por la red global Argo están disponibles de manera gratuita para todo el público.

Tras más de quince años desde su implantación, el programa internacional Argo ha alcanzado su estado de madurez. Sus datos nos ofrecen una descripción cuantitativa de las estructuras oceanográficas, su variabilidad en escalas de meses a décadas y su capacidad para acumular y transportar calor y sal. Todo ello nos está permitiendo entender por primera vez la naturaleza cambiante del océano.

Ahora la red se enfrenta al reto de permanecer activa en los años venideros. A tal fin se ha diseñado su evolución futura con diferentes objetivos, entre los que se incluyen la exploración del océano profundo por debajo de los 2000 metros actuales, así como mejorar la cobertura de la red en las zonas más turbulentas. Asimismo, otras metas contemplan abordar medidas no solo de temperatura y salinidad, sino también de parámetros biogeoquímicos, como la concentración de oxígeno disuelto, nutrientes y clorofila, necesarios para entender el gran ecosistema que es el océano. Tales innovaciones prometen cambiar para siempre la oceanografía y ayudarnos a entender mejor la dinámica de nuestro planeta en un contexto de cambio global.


Un protagonista desconocido
Durante los años sesenta del siglo pasado, los científicos comenzaron a darse cuenta de que el océano desempeñaba un papel primordial en la predicción del clima, ya que su actividad iba más allá de las capas marinas superficiales. Sin embargo, su dinámica a gran escala resultaba en gran parte desconocida. Para cubrir ese hueco, diversas instituciones internacionales crearon en 1980 el Programa Mundial de Investigación Climática (WCRP, por sus siglas en inglés), el cual otorgaba un notable protagonismo a la circulación oceánica a escala global.

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