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1 de Mayo de 2018
Arqueología

Catedrales, símbolos de poder

El gótico surgió en Francia a mediados del siglo XII, antes de lo que se supuso durante largo tiempo. Su lenta penetración en Centroeuropa apunta a influencias de origen político.

La catedral de Laon, construida a partir de 1170, es una de las más importantes de Francia. Una magnífica bóveda gótica cubre magistralmente el crucero, el espacio delimitado por la intersección de la nave principal y la transversal [WIKIMEDIA COMMONS/CC BY SA 4.0]

En síntesis

Las catedrales ofrecían a ciudadanos y clérigos una nueva manera de congregarse. También constituían un marco de representación para los obispos y los demás miembros del cabildo catedralicio.

A mediados del siglo XII, antes de lo que se pensó durante mucho tiempo, en Francia comenzó a experimentarse con un nuevo estilo arquitectónico que daría nombre a toda una época: el gótico.

Varios estudios han demostrado que, en el Imperio germano, el nuevo estilo no se impuso hasta decenios más tarde. La estrecha vinculación entre política e Iglesia parece explicar ese retraso.

Allí donde se erigían, las catedrales marcaban de manera muy ostensible la imagen de una ciudad. Tanto sus dimensiones como el trabajo artístico del que hacían gala chocaban con los límites de lo que entonces era posible. Asociaciones de talleres y canteros desarrollaron estructuras organizativas y técnicas totalmente novedosas. Las catedrales sentaron nuevas normas no solo en arquitectura, sino también en la liturgia, puesto que se convirtieron en el escenario de onerosas misas a las que asistían cientos de fieles.

Sin duda, el cambio de las creencias y prácticas cristianas que ha tenido lugar desde la Reforma protestante hasta el siglo XX ha dejado huellas que dificultan reconstruir la imagen original de los monumentos. Pero, en ocasiones, los trabajos de restauración e incluso las excavaciones ofrecen una oportunidad para llevar a cabo estudios detallados.

Hasta hace poco, por ejemplo, nadie podía haber imaginado que en Alemania se conservaba una iglesia episcopal de principios de la Edad Media. En 2013, bajo la iglesia de San Juan, en Maguncia, se descubrieron los muros de una catedral construida entre los años 640 y 680; es decir, aún en época merovingia. El templo mostraba ya elementos característicos de tiempos posteriores, como un coro doble, lo que indicaba que tenía capillas al este y al oeste, así como un transepto de generosas dimensiones. Su función principal debió ser la de servir como alojamiento a los sacerdotes, pues la nave donde se reunía la comunidad ocupaba escasamente un tercio de la superficie total. Probablemente, los feligreses solo acudían a misa en determinados días festivos.

En los últimos años, investigadores de distintas ramas han logrado hallazgos sorprendentes sobre la historia de las catedrales. Entre ellos destaca el hecho de que varias construcciones y técnicas arquitectónicas se erigieron y desarrollaron antes de lo que podemos leer en muchas enciclopedias y libros de texto.


Espiritualidad y política
El término catedral deriva del latín cathedra, que designaba el sillón en el que se sentaba el obispo en los oficios litúrgicos. Desde los albores de la Edad Media, construir una catedral era el objetivo de todo obispo. Con ello demostraba su propio rango y el de su diócesis, y, al mismo tiempo, cumplía las expectativas que se esperaban de él en cuanto representante de una cierta clase social.

Un ejemplo muy ilustrativo nos lo ofrece la primitiva catedral de Colonia, predecesora de la que conocemos en la actualidad. El arzobispo Hildebold, que vivió hasta el año 818, pertenecía al círculo íntimo de consejeros de Carlomagno, lo que le llevó a acometer una ambiciosa reforma de su iglesia a partir del año 800. El nuevo templo medía sus buenos 95 metros de largo y tenía dos transeptos y dos criptas. Tan solo el arzobispo de Tréveris podía competir con él, al menos en lo referente al tamaño del santuario. Su catedral, de 80 metros de largo, se erigió sobre un edificio del siglo VI.

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