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  • Mayo 2018Nº 500

Medicina

Nuevos medios de reproducción

¿Será posible algún día utilizar células de la sangre o de la piel para obtener óvulos y espermatozoides?

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En apariencia, los ratones que corretean por la jaula del laboratorio de Katsuhiko Hayashi no tienen nada de particular: comen, duermen y retozan como los demás. Pero su origen es todo menos corriente, según reveló hace dos años en Nature el equipo de este especialista en reproducción de la Universidad de Kyushu:los ocho roedores pardos no provienen de la unión de un óvulo y un espermatozoide, sino que descienden, por línea materna, de una célula cutánea reprogramada.

El avance, calificado de «asombroso» por otros investigadores, viene a materializar una idea atisbada en 1997, cuando se consiguió clonar a la oveja Dolly. Aquella hazaña se basaba en experimentos de clonación anteriores, realizados con ranas, y nos enseñó que los animales poseen el mismo repertorio de instrucciones en cada una de sus células. Al transformar una célula mamaria de oveja en un animal vivo, los creadores de Dolly demostraron que todas las células de los mamíferos acogen los mismos genes y que la diferencia entre una célula de la mama y cualquier otra estriba en cuáles están activados y cuáles no.

A Hayashi y otros, aquel logro los llevó a plantearse que quizá sería posible reprogramar células de mamífero y reconvertirlas en cualquier otro tipo, desde una neurona hasta un óvulo, siempre que fuesen capaces de darles las instrucciones oportunas. Ahora, un selecto número de expertos de diversos lugares del mundo, entre ellos Hayashi, arrancan de esa base para estudiar la gametogénesis en condiciones in vitro: la creación de óvulos y espermatozoides a partir de células adultas.

Los especialistas en reproducción, además de algunas parejas que sufren problemas de esterilidad, siguen con sumo interés el trabajo de Hayashi, así como otros proyectos con roedores en los que se ha logrado reconvertir células madre (células precursoras capaces de devenir células especializadas) en espermatozoides rudimentarios. Si se consigue trasladar estas técnicas al ser humano, tal vez en el futuro podamos sustituir los gametos defectuosos por una célula de la sangre o de la piel. Así, un hombre podría ser padre aun careciendo de espermatozoides sanos, mientras que la mujer, en vez de ver menguada su fecundidad a medida que avanza la treintena, podría contar con abundantes óvulos sanos, casi a cualquier edad, con solo donar una muestra de sangre. Por otro lado, las parejas homosexuales podrían concebir hijos que guardasen parentesco biológico con ambos miembros.

Pese a su atractivo, la posibilidad sigue siendo remota. Hace años que se suceden los experimentos con animales para dar con un sustituto de los óvulos y los espermatozoides, indispensables para engendrar un mamífero, pero los resultados todavía son insatisfactorios. Con todo, este estudio con ratones, por preliminar que sea, ya suscita toda una serie de interrogantes éticos sobre las aplicaciones que pueden derivarse para el ser humano.

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