Plantas en guardia

La mera presencia de un animal desencadena mecanismos de defensa de amplio espectro.

THOMAS FUCHS

Las plantas no pueden huir ni buscar refugio, por lo que recurren a otras estrategias para no ser devoradas. Algunas enroscan sus hojas, otras segregan sustancias de sabor desagradable si perciben animales que babean o depositan sus huevos sobre ellas, o las comienzan a masticar, todas señales inequívocas de que serán víctimas inminentes. Nuevas investigaciones revelan ahora que algunas son capaces de detectar un herbívoro mucho antes de que este se lance sobre ellas, lo que concede tiempo a la planta para desplegar una defensa preventiva que incluso funciona contra otras plagas dañinas.

Cuando el ecólogo John Orrock, de la Universidad de Wisconsin-Madison, esparció baba de caracol por el suelo (el moco deslizante que el molusco segrega para desplazarse), las tomateras cercanas parecieron percatarse. Aumentaron la concentración de una enzima llamada lipooxigenasa, un conocido elemento disuasivo contra los herbívoros. «Ninguna acabó siendo atacada», explica Orrock. «Les dimos pistas que advertían de la inminencia del ataque, lo que bastó para desencadenar notables cambios bioquímicos en ellas.»

Al principio Orrock comprobó que esta defensa actuaba contra los caracoles; en el último estudio, su equipo midió el impacto de esa alerta babosa sobre otra amenaza. Descubrieron que ciertas orugas, que normalmente engullen con glotonería las hojas de la tomatera, no mostraban ninguna apetencia por ellas si las plantas habían sido expuestas a la baba de caracol y habían desplegado su resistencia bioquímica. Esta defensa inespecífica podría ser una estrategia que permitiría a los vegetales sacar más provecho al mejorar sus posibilidades globales de supervivencia, opina Orrock, que ha dado a conocer los resultados con sus colaboradores este pasado marzo en Oecologia.

El descubrimiento de que la aproximación de un caracol puede desencadenar una respuesta en la planta que afecta a otro animal intriga a Richard Karban, experto en comunicación vegetal de la Universidad de California en Davis, ajeno al estudio. «Resulta notable que las plantas respondan antes de ser dañadas y que esas señales tengan efectos de tanto calado», comenta Karban. La investigación fue meticulosa, añade, pero se pregunta cómo detectaron las tomateras esas sustancias de la baba de caracol si nunca llegaron a entrar en contacto con ellas.

«Esa es la pregunta del millón», concluye Orrock. Espera que las futuras investigaciones desentrañen los mecanismos que permiten percibir esas pistas a una distancia relativa.

 

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