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Arte y matemáticas

Todas las esculturas de Berrocal son desmontables, lo mismo que los rompecabezas mecánicos de enclavamiento.

BEN ROSE

«Nos embarcamos después en una disquisición sobre la existencia de formas de belleza desprovistas de utilidad. El general mantuvo que no existían. El Dr. Johnson mantuvo que sí, y puso como ejemplo la taza de café que ­sostenía en la mano, cuya ­decoración carecía de utilidad real, pues la taza contendría el café exactamente lo mismo si no estuviese decorada; no obstante­, el diseño era hermoso».
—James Boswell, Life of Samuel Johnson

El artículo de este mes se propone presentar a Miguel Berrocal a los lectores, quizás el más sobresaliente de los escultores españoles vivos [murió en 2006].

En Europa, Berrocal es ya objeto de culto, y sus adeptos crecen constantemente. No obstante, antes de comentar con más detalle los notables hallazgos de Berrocal, y de explicar por qué debe analizarse su escultura en una sección de matemática recreativa, es preciso echar una ojeada a una de las categorías más antiguas de rompecabezas mecánicos.

¿Es posible que alguno de los lectores no haya tenido nunca en sus manos uno de esos montajes de madera, formados por piezas tan hábilmente ajustadas que resulta casi imposible desmontarlos? ­Tales objetos suelen llamarse rompecabezas chinos y, por lo general, una vez desmontados, todavía resulta más difícil volver a ensamblarlos. Suelen poseer una pieza especial, llamada pieza maestra
o pieza clave, que debe retirarse en primer lugar para poder desmontar las restantes. Para recomponer muchos de estos rompecabezas es necesario ir colocando las piezas en una cierta secuencia, insertándose la clave en último lugar, y así enclavar firmemente en su sitio las demás partes. Se han vendido en todo el mundo centenares de juegos de este tipo durante siglos, muchos de ellos de inventor anónimo (aunque también se han expedido cientos de patentes con variantes no comercializadas de tales rompecabezas).

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