Base genética de la morfología canina

El estudio del genoma canino revela el modo en que pequeños cambios genéticos originan grandes diferencias morfológicas en el seno de una misma especie.
Un pequinés pesa apenas un kilogramo; un San Bernardo puede superar los 80 kilogramos. Ambos perros, aunque de aspecto sumamente distinto, pertenecen a la misma especie: Canis familiaris. ¿Cómo se explica esa enorme variabilidad interracial y, al propio tiempo, la tenaz conformidad que se observa dentro de una misma raza? Esa sencilla observación se ha convertido en una cuestión fundamental para los genéticos expertos en mamíferos.
El "proyecto genoma canino", emprendido a principios de los años noventa del siglo pasado, se proponía identificar los genes que contribuían a las enfermedades que sufrían los perros de raza pura. La mayoría de las razas caninas existen desde hace escasos siglos. Exhiben una diversidad genética limitada, ya que suelen descender de un número reducido de fundadores, obtenidos mediante el cruzamiento de individuos estrechamente emparentados entre sí. Además, las razas experimentan a menudo cuellos de botella, asociados al aumento y disminución de su popularidad. Por culpa de esa estructura poblacional, las enfermedades genéticas afectan con mayor frecuencia a los perros de raza pura que a los de raza mixta.

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