Utilizamos cookies propias y de terceros para mejorar nuestros servicios y facilitarle el uso de la web mediante el análisis de sus preferencias de navegación. También compartimos la información sobre el tráfico por nuestra web a los medios sociales y de publicidad con los que colaboramos. Si continúa navegando, consideramos que acepta nuestra Política de cookies .

Actualidad científica

Síguenos
  • Google+
  • RSS
  • Investigación y Ciencia
  • Enero 2008Nº 376

Cosmología

La gran montaña rusa del cosmos

¿Será la inflación cósmica una manifestación de que nuestro universo se halla inmerso en una estructura mucho mayor?

Menear

Cuesta creer que los cosmólogos puedan sentirse claustrofóbicos en un universo de 46.000 millones de años luz de radio y con miles de trillones de estrellas. Sin embargo, una de las ideas que va tomando cuerpo en el siglo xxi es que nuestro universo —todo lo que podemos observar, más lo que no podemos ver porque está demasiado lejos para que su luz llegue hasta nosotros— no es más que una pequeña región dentro de una gran extensión del espacio [véase «Universos paralelos», por Max Tegmark, en este mismo número]. Varios tipos de «universos paralelos» que componen un gran multiverso aparecen de modo natural en distintas teorías cosmológicas. En general, no se espera que esos otros universos puedan observarse directamente. De una forma u otra, están separados del nuestro.

Sin embargo, algunos universos paralelos podrían inte­raccionar con el nuestro y dejar en él efectos detectables. La posibilidad de que existan mundos así ha llamado la atención de los cosmólogos gracias a la teoría de cuerdas, la principal candidata a describir las leyes últimas de la naturaleza. Aunque las cuerdas de esta teoría son extremadamente pequeñas, los principios que gobiernan sus propiedades predicen también la existencia de ciertos objetos membranosos. Conocidos con el nombre de «branas», dichos objetos pueden extenderse a lo largo de varias dimensiones espaciales. En particular, nuestro propio universo, con sus tres dimensiones espaciales, podría ser una brana de tres dimensiones alojada en un espacio mayor, de nueve dimensiones espaciales más el tiempo. Por su parte, los cambios en la forma y el tamaño de esas dimensiones adicionales, las colisiones entre otros universos, o ambas cosas, podrían haber sido las responsables de algunas de las características de nuestro universo observadas hoy por los astrónomos.

En los últimos años la teoría de cuerdas ha recibido varias críticas. La más pertinente es que todavía se halla a la espera de alguna confirmación experimental. Es una preocupación legítima. Sin embargo, no es tanto una crítica a la teoría de cuerdas cuanto una reformulación de la dificultad general que implica contrastar experimentalmente cualquier teoría física que trate sobre lo que ocurre a escalas tan pequeñas. Todas las demás propuestas de leyes fundamentales de la naturaleza adolecen del mismo problema, incluida la gravedad cuántica de bucles.

Los físicos de cuerdas buscan diferentes maneras de poner a prueba su teoría. En este sentido, una dirección prometedora es explorar de qué manera podrían explicar las cuerdas los aspectos más misteriosos de nuestro universo; en particular, el modo en que su ritmo de expansión ha ido cambiando a lo largo del tiempo.

Puede conseguir el artículo en: