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1 de Enero de 2016
Botánica

La flora de los márgenes de África

Varias especies vegetales emparentadas entre sí habitan lados opuestos del continente africano, aisladas unas de otras. El origen de esta distribución peculiar, denominada Rand Flora, intriga desde hace tiempo a los botánicos.

El archipiélago de Socotra (Yemen) constituye una de las zonas donde se hallan plantas de la Rand Flora. En la isla crece una especie de drago (Dracanea cinnabari) emparentada con el legendario drago canario (D. drago), en el lado opuesto del continente. [ISTOCKPHOTO/ZANSKAR]

En síntesis

Los botánicos se preguntan desde hace tiempo sobre una curiosa distribución de las plantas en África, la Rand Flora, en la que algunas especies parientes ocupan los márgenes del continente, separadas por barreras climáticas o geográficas.

Tradicionalmente se han planteado dos hipótesis para explicar esa distribución: la vicarianza, o aparición de una barrera que aísla dos zonas, y la dispersión con una posterior especiación en el lugar.

Los análisis moleculares, que han establecido las relaciones evolutivas entre las especies y el momento en que se produjo su separación, sugieren que la disyunción Rand Flora se formó por una combinación de vicarianza ecológica y de dispersión escalonada como respuesta a la aridificación del continente.

Cuando nos fijamos en la distribución de las especies sobre la Tierra, varias preguntas acuden a nuestra mente: ¿Por qué algunas regiones del planeta albergan un mayor número de especies que otras? ¿Cuándo, dónde y cómo se formó la diversidad biológica de un continente? La presente crisis de la biodiversidad (se estima que alrededor de una décima parte de las especies del planeta desaparecerá en los próximos 100 años) y la acuciante necesidad de profundizar en las vías para su conservación han hecho crecer el interés por entender los mecanismos evolutivos que determinan la actual distribución geográfica de los animales y de las plantas.

Un tipo de distribución que ha llamado especialmente la atención de botánicos y zoólogos desde los tiempos de Charles Darwin, Joseph D. Hooker y Alfred R. Wallace es la disyunción geográfica. En ella, varios organismos estrechamente emparentados habitan diferentes localidades entre las que no existe una continuidad geográfica. Un ejemplo lo ofrece la disyunción «gondwánica» de los mamíferos marsupiales, cuyos representantes viven en continentes del hemisferio sur actualmente aislados por cuencas oceánicas: los opósums en América, por un lado, y los uombats y los canguros en Australia y Nueva Guinea, por otro. Otro ejemplo corresponde a la disyunción «anfi-atlántica» que se observa en numerosas plantas leñosas del hemisferio norte, como los nogales o las magnolias: mientras que algunas de las especies medran en los Apalaches norteamericanos, sus parientes más próximos lo hacen en Japón y el este de China.

Frente al interés despertado por el origen de estas distribuciones transoceánicas, otro tipo de disyunción ha recibido menos atención. Se trata de las disyunciones intracontinentales, en las que las especies emparentadas ocupan regiones geográficas separadas y aisladas una de otra dentro de un mismo continente. Las barreras que dividen estas regiones no son geográficas, como en el caso de continentes distanciados por cuencas oceánicas, sino ambientales: las especies disyuntas están separadas por zonas intermedias de clima hostil, un lugar donde no podrían sobrevivir y que solo cruzan muy ocasionalmente. Es el caso de las regiones de montaña separadas por llanuras o fragmentos de selva aislados por sabanas.

Uno de los ejemplos más conocidos de este tipo de distribución es la Rand Flora africana (en alemán, Rand significa «margen»), que corresponde a la existencia de plantas emparentadas en márgenes opuestos del continente. El caso más destacado lo ofrecen los dragos canarios, del género Dracaena, un linaje todavía en estudio que supuestamente presenta sus parientes más cercanos en Arabia y el noreste de África. Pero existen numerosos géneros menos populares (Canarina, Campylanthus, Camptoloma) que atestiguan la existencia de este patrón.

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