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Las «huellas dactilares» del cerebro

Una técnica de resonancia permite identificar los rasgos distintivos del cerebro de cada individuo.

THOMAS FUCHS

Todos intuimos que somos únicos, y los métodos de identificación de personas, ya sea el examen de las huellas dactilares o de nuestro ADN, confirman esta convicción. Un novedoso estudio demuestra que la mente de cada persona también posee un patrón singular que podría utilizarse como un rasgo distintivo extraordinariamente preciso.

Los autores, dirigidos por Emily Finn, de la Universidad Yale, recurrieron a la resonancia magnética de conectividad funcional (RMcf) para examinar la actividad cerebral de 126 adultos jóvenes sanos. Se creó un «perfil de conectividad» de cada individuo basado en un cálculo de la fuerza de las conexiones entre cada par de nodos en una red formada por 268 de ellos y que representaba diversas regiones cerebrales. Esos perfiles, que podrían calificarse como dactilares, permitieron identificar a los participantes con una exactitud del 94 por ciento.

El equipo pasó entonces a analizar grupos de nodos correspondientes a redes especializadas en tareas visuales, motrices y de otro tipo con el fin de saber si algunas tienen mayor peso que otras en la individualidad. La red frontoparietal, implicada en la atención, obtuvo los mejores resultados, puesto que permitió identificar a los participantes con un 99 por ciento de éxito. Se cree que esta red de reciente evolución es sensible a la experiencia personal, mientras que las redes sensoriales y motrices se consideran más programadas de antemano. «Todos nos apartamos cuando vemos caer una piedra», explica el neurocientífico cognitivo Michael S. Gazzaniga, de la Universidad de California en Santa Bárbara. «Pero algunos somos más sagaces que otros en averiguar la causa de la caída». Los autores del estudio descartan que estas técnicas puedan servir a fines identificativos. «No necesitamos meter a la gente en un escáner para saber quiénes son», afirma Finn. Pero el hallazgo, publicado el pasado otoño en Nature Neuroscience, señala las nuevas posibles aplicaciones clínicas de la RMcf. «Podría servir como un indicador personal de la salud mental», augura el experto en neuroimagen Cameron Craddock, del Instituto de Investigación Psiquiátrica Nathan S. Kline. Finn destaca que ya han comenzado a analizar los datos de adolescentes con alto riesgo de esquizofrenia para averiguar si las resonancias permitirán pronosticar cuáles sufrirán el trastorno en el futuro.

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