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Repensar a Darwin

¿Qué procesos deben considerarse esenciales para explicar la evolución? Un debate entre algunos de los principales biólogos evolutivos contemporáneos.

El origen de las especies, libro publicado en 1859 en el que Darwin introdujo el concepto de selección natural. [WIKIMEDIA COMMONS/DOMINIO PÚBLICO]

En octubre de 2014, la revista científica Nature tituló así uno de sus artículos de comentario: «¿La teoría de la evolución necesita un replanteamiento?». La noticia era esta: los investigadores están divididos sobre qué procesos deben ser considerados esenciales para explicar la evolución. Música para los oídos de los que creen, errónea e inútilmente, que, en ciencia, las divisiones son un signo de debilidad.

El artículo citado presenta los argumentos divididos precisamente por la mitad, en dos columnas contrapuestas: a la izquierda, los de los rivales —sí, el neodarwinismo necesita una reforma urgente—; a la derecha, los de los defensores —no, así está todo bien—. Parece un debate televisivo, pero no lo es. Las firmas distribuidas en la parte inferior de las dos columnas corresponden a ilustres biólogos evolutivos al frente de algunos de los principales laboratorios del mundo. Se halla en juego una herencia pesada, que ha dado mucho que hablar desde hace un siglo y medio: la de Charles R. Darwin. Sus numerosos detractores están impacientes por apartarlo de la circulación, pero ¿habrá llegado realmente el momento de hacerlo?

El reto de los reformistas
Los primeros, llamémosles «reformistas», coordinados por el etólogo Kevin Laland, de la Universidad de St. Andrews, con la colaboración, entre otros, de Tobias Uller, zoólogo de la Universidad de Oxford, y Armin Moczek, biólogo de la Universidad de Indiana, sostienen la necesidad de construir una «síntesis evolutiva extendida», es decir, una teoría que no se limite a explicar la evolución solo a través de los genes y la selección. En realidad, en los últimos veinte años se han acumulado descubrimientos ahora insoslayables que muestran que no todo el juego evolutivo es de tipo genético y selectivo. En particular, la plasticidad fenotípica y de desarrollo (morfologías y comportamientos que cambian al variar las circunstancias ambientales, sin modificaciones genéticas) constituye una estrategia adaptativa poderosa y generalizada que también puede causar la diversificación de las especies. Algunas de estas variaciones en la expresión y la regulación de los genes (inducidas por el ambiente y sin cambios en el ADN, es decir, epigenéticas) son estabilizadas luego por la selección y pueden ser transmitidas a lo largo de varias generaciones. Primero viene el carácter morfológico plástico y luego su incorporación genética, y no al contrario, como en la teoría estándar.

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