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1 de Enero de 2016
Arqueología

Una pirámide que cambió la civilización

La construcción del monumento más famoso de Egipto, la Gran Pirámide, dio origen a una organización social que transformó el mundo.

Nuevos descubrimientos están dando protagonismo a las personas que construyeron los célebres monumentos de la meseta de Guiza, entre ellos las pirámides de los faraones Keops (izquierda) y Kefrén (derecha). [RENA EFFENDI]

En síntesis

Durante años, los arqueólogos que estudian las pirámides de Guiza en Egipto se han concentrado en los detalles de la ingeniería de esos monumentos. Pero el aspecto más importante de las pirámides reside en la organización social a la que dieron lugar.

Nuevos hallazgos en la antigua ciudad de Heit el-Ghurab, cerca de Guiza, y un puerto de la misma época en el mar Rojo, conocido como Wadi el-Jarf, están desvelando las infraestructuras gubernamentales, laborales y comerciales que desarrollaron los faraones para construir las pirámides, especialmente la Gran Pirámide.

Estas infraestructuras procuraron una riqueza duradera formidable y engordaron las economías de sus socios comerciales.

El verano de 2525 a.C. llega a su fin en Egipto y el Nilo se desborda. Para un trabajador llamado Merrer, la inundación significa que ha llegado el momento de salir a buscar piedra para construir la pirámide del faraón Keops. Tan solo 12 kilómetros lo separan de la cantera de Tura, al sureste del puerto de Guiza, pero la pesada carga de reluciente caliza blanca, que formará la capa exterior del monumento, dificulta las maniobras de los navíos. Y el río se asemeja a un inmenso océano cuando la crecida rebosa sus orillas. No obstante, Merrer ya tiene experiencia en mar abierto; la flota de barcazas y los cincuenta hombres bajo su mando se hallan en buenas manos.

Merrer divisa el destino de su flota. Desde la distancia puede ver la riada rompiendo contra un enorme muro de piedra caliza. Otros barcos que transportan cereales, madera y ganado merodean por el extremo este del muro para descargar sus mercancías en la ciudad. Pero las barcazas de Merrer no apuntan tan lejos. Tocan tierra al norte del muro, donde el dorado lecho rocoso de la meseta de Guiza forma una pendiente que llega al río, creando una rampa natural que facilitará el desplazamiento de la caliza al lugar de la obra.

Desde la orilla del río, Merrer observa el que será el edificio más alto del mundo durante los próximos 3800 años, como mínimo. Miles de trabajadores pululan por la obra de la pirámide que un día será la tumba de Keops, arrastrando las piedras hasta su lugar y comprobando una y otra vez su alineación. La estructura se encuentra casi terminada. Pronto estarán colocados los bloques de piedra de las capas superiores, y la pirámide quedará completamente revestida con caliza pulida de Tura y coronada con un piramidión dorado.

¿Quiénes eran los que construyeron la pirámide de Keops y las de otros faraones de Egipto, y por qué dedicaron su vida a esa tarea? Heródoto, el historiador griego del siglo V a.C., escribió que las pirámides habían sido construidas por ejércitos de esclavos atizados por el látigo de sus capataces. Sin embargo, el descubrimiento en las últimas décadas de otras fuentes escritas ha desvelado que la mayor parte de la mano de obra la componían cuadrillas de ciudadanos egipcios. Pero tales fuentes no ofrecían apenas información sobre la vida de estas personas. Podrían haber sido obreros mal pagados, tratados casi como esclavos; hombres sucios y medio hambrientos, que serían azotados mientras descargaban la caliza de las barcazas y la empujaban en rastras de madera hasta la pirámide.

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