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La aritmética de la ayuda mutua

Experimentos informáticos muestran que es la cooperación, y no la explotación, el factor dominante en la lucha darwinista por la supervivencia.

El principio de toma y daca impregna toda nuestra sociedad. Es más antiguo que el comercio y el trueque. Quienes viven en una misma casa, por ejemplo, participan en un incesante, y casi inconsciente, intercambio de bienes y servicios. Estos intercambios les resultan cada vez más fascinantes a los economistas. Y lo mismo les ocurre a los biólogos, quienes han recogido multitud de ejemplos similares en grupos de chimpancés y otros primates. El propio Charles Darwin tenía plena conciencia del papel de la cooperación en la evolución humana. Así escribía en El origen del hombre: "La poca fuerza y velocidad del hombre, su carencia de armas naturales, etc., quedan holgadamente compensadas por sus... cualidades sociales, que le llevan a dar y recibir ayuda de sus congéneres."

Evidentemente, una gran distancia separa estas ideas de la salvaje existencia humana que el filósofo Thomas Hobbes calificaba como "solitaria, pobre, detestable, brutal y breve". No obstante, buen número de los primeros seguidores de Darwin cargaron las tintas en los aspectos feroces de "la lucha por la supervivencia", hasta el punto de que el príncipe ruso Kropotkin se sintió obligado a escribir un libro para refutarles. En El apoyo mutuo, un factor de la evolución, aclamada por el Times londinense como "posiblemente el libro más importante del año" (1902), Kropotkin trazó un vasto fresco donde mostraba a la cooperación actuando entre las hordas siberianas, entre los isleños polinesios y en los gremios medievales. Kropotkin era un célebre ideólogo del anarquismo, pero su incursión en la historia natural, aunque superficial, no se debía a mera afición: para alguien como él, decidido a librarse del estado, resultaba esencial demostrar que la cooperación humana no estaba impuesta por la mano férrea de la autoridad, sino que sus orígenes arraigaban en condiciones naturales.

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