Reconocimiento del parentesco

Muchos organismos, de los tunicados a los primates, pueden identificar a sus parientes. Tras desentrañar cómo y por qué lo hacen, empezamos a entender mejor la evolución del comportamiento social.

El parentesco es un principio de organización básico de todas las sociedades. El hombre se vale de complejos sistemas para identificar a sus familiares: uso de apellidos y cuadros genealógicos. Pero los mecanismos para distinguir a los parientes se dan también en el reino vegetal y entre los demás animales, con independencia de la complejidad social o mental del organismo; y ello, en seres tan dispares como las flores silvestres y las avispas. La comprensión del origen y los mecanismos del reconocimiento del parentesco, lo estamos percibiendo, arroja nueva luz sobre otras cuestiones de índole muy diversa, verbigracia, la elección de pareja y el aprendizaje y funcionamiento del sistema inmunitario.

El interés actual por el reconocimiento del parentesco hunde sus raíces en dos teorías. En 1964, William D. Hamilton observó que, en la pugna por la supervivencia y la reproducción genética, la evolución no hacía distingos entre formas alélicas de genes que se transmiten a través de descendientes directos y formas que se propagan a través de parientes no descendientes; los hijos ejemplifican el primer caso y los hermanos, el segundo. Sostenía la teoría tradicional que la selección natural favorecía a los individuos que producían un mayor número de descendientes, en tanto que Hamilton ponía el acento en los genes. Y en esa línea llegó a la conclusión de que la selección natural debía favorecer a los organismos que ayudan a cualquier pariente, pues de ese modo aumentan su representación genética total.

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