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Buenas y malas prácticas en historia de la ciencia

Denuncia de distorsiones y delimitación de fronteras disciplinares.

1001 DISTORTIONS
HOW (NOT) TO NARRATE HISTORY OF SCIENCE, MEDICINE, AND TECHNOLOGY IN NON-WESTERN CULTURES
Dirigido por Sonja Brentjes, Taner Edis y Lutz Richter-Bernburg
Ergon, 2016

1001 Inventions es una premiada organización internacional de ciencia y patrimonio cultural, con sede en Gran Bretaña, que crea campañas educativas internacionales y participa en producciones transmedia con el objetivo de dar a conocer las contribuciones a la ciencia, la tecnología y la cultura de la edad de oro de la civilización musulmana.» Con estas palabras se presenta al público la organización 1001 Inventions, sustentada por la Fundación para la Ciencia, la Tecnología y la Civilización, con sede en Manchester, y que, por medio de un juego de palabras, da nombre al libro que nos ocupa: 1001 distortions, el subtítulo del cual es todavía más explícito acerca de su motivación: Cómo (no) narrar la historia de la ciencia, la medicina y la tecnología en culturas no occidentales.

La página web de esta organización explica que ha colaborado con la UNESCO, la Academia de Ciencias de Nueva York, National Geographic, la Real Sociedad de Ciencia y el Instituto de Física de Gran Bretaña, así como con académicos líderes para producir exposiciones interactivas, cortos, espectáculos, libros y materiales de aprendizaje usados por cientos de miles de educadores en todo el mundo. El objetivo de 1001 distortions, coordinado por Sonja Brentjes, investigadora del Instituto Max Planck de Historia de la Ciencia de Berlín; Taner Edis, catedrático de física de la Universidad Truman en Kirksville, y Lutz Richter-Bernburg, catedrático retirado de estudios islámicos en la Universidad de Tubinga, es, por tanto, claro: denunciar las imprecisiones e incluso falsedades que esta organización esparce con sus productos divulgativos sobre la ciencia musulmana a lo largo de la historia.

Uno de estos productos es la exposición itinerante que, bajo el título «1001 Inventions: Discover the golden age of Muslim civilization», pudo verse en Washington bajo los auspicios de National Geographic entre agosto de 2012 y febrero de 2013. La crítica contenida en este volumen se centra especialmente en el libro que acompañó a la exposición, titulado 1001 inventions: The enduring legacy of Muslim civilization, y del cual se han publicado ya varias ediciones. La exposición y sus productos han podido verse cuatro veces en Londres, tres en Nueva York (dos de ellas en la sede de las Naciones Unidas) y en París, respaldada por la UNESCO.

Según los autores de 1001 distortions, la exposición, el libro que la acompaña y, en definitiva, la organización que hay detrás persiguen difundir el mensaje de que la ciencia y la tecnología actuales dependen de las invenciones y los descubrimientos efectuados en su día por eruditos medievales musulmanes, lo que describen como una distorsión fundamental de la historia con base ideológica. Los autores denuncian las numerosas exageraciones que contiene el libro, según las cuales los musulmanes habrían sentado las bases de casi todas las ciencias modernas, habrían inventado casi todos los dispositivos tecnológicos importantes hoy en uso y habrían revolucionado todo lo que aprendieron de los eruditos que vivieron antes del siglo vii o fuera de lo que en el libro recibe el apodo de «mundo musulmán».

1001 distortions reúne una serie de contribuciones de diversos historiadores de la ciencia árabe para desmentir, puntualizar y contextualizar varias de las afirmaciones sostenidas por 1001 Inventions. La primera parte del volumen se centra en aportar testimonios sobre el uso interesado de la historia de la ciencia a lo largo de la historia. La construcción de la historia de la ciencia en la España de Franco es uno de los ejemplos que figuran en esta sección de la obra y que ayudan a reflexionar sobre las narrativas sobre ciencia, medicina y tecnología que los propios académicos han creado a lo largo de la historia para servir a unos determinados intereses, creencias o élites. Esta parte cuenta también con una entrevista a la reconocida historiadora de la ciencia Lorraine Daston, directora del Instituto Max Planck para la Historia de la Ciencia de Berlín, quien reflexiona sobre la construcción del eurocentrismo en la historia de la ciencia.

La segunda parte del libro se centra en corregir los errores más flagrantes de 1001Inventions. Cuestiones como la importancia real de la Casa de la Sabiduría como poderoso centro de discusión académica, la invención del astrolabio o la atribución de la paternidad del primer vuelo y del descubrimiento de la circulación menor de la sangre se discuten, dilucidan y contextualizan históricamente a cargo de especialistas en los distintos ámbitos históricos y científicos.

Finalmente, la tercera sección de la obra trata los problemas de la popularización del trabajo académico y el impacto de 1001 Inventions a través de algunos casos particulares. Esta parte cierra con un indispensable artículo que invita a reflexionar sobre la responsabilidad del historiador de la ciencia sobre sus críticas, en especial cuando estas pueden alinearse y servir de materia prima a poderosos sectores islamófobos.

Los autores exponen que, tras la aparición de sus críticas en distintos medios, la organización de 1001 Inventions se puso en contacto con ellos para trabajar juntos. Tras unos meses, sin embargo, la colaboración se truncó y los productos de la organización siguen hoy conservando muchos de sus errores iniciales. Según Brentjes, 1001 Inventions peca de una grave «precursoritis musulmana» —usando el término acuñado por Abdelhamid Sabra e inicialmente dirigido a los arabistas—, así como de filoarabismo y de un desinterés por la precisión del contexto histórico.

Es absolutamente necesario denunciar, como hace 1001 distortions, los errores a los que puede conducir y conduce la poca atención al contexto histórico o el desconocimiento de habilidades básicas para el análisis de las fuentes históricas, de las cuales, se supone, están en posesión los profesionales del campo. Sin embargo, sorprende la forma que los editores del libro dan a la denuncia de estos hechos tal y como la presentan en la introducción: toda la crítica hacia el proyecto de 1001 Inventions está estructurada en torno a la separación entre aficionados y profesionales de la historia de la ciencia. Como la propia Brentjes reconoce en una reseña anterior de 1001 Inventions, los «pecados» del libro y la exposición mencionados arriba son, y han sido históricamente, también propios del campo de estudio de la ciencia árabe dentro de la historia de la ciencia. Y, como la propia historia de la ciencia ha puesto de relieve, especialmente en los últimos años, los límites entre el amateurismo y la profesionalidad son histórica y políticamente contingentes.

En muchos casos, al mirar al pasado, los historiadores de la ciencia hemos tenido que abrir nuestro campo de visión para incorporar a quienes en su momento eran considerados amateurs, sin los cuales algunos de los procesos de generación de conocimiento científico quedaban oscuros o incomprensibles. Así han aparecido las mujeres, los artesanos, los técnicos de laboratorio y los indígenas en regiones coloniales aportando luz a la comprensión de cómo se construye el conocimiento científico.

Resulta sorprendente que, en estos momentos, la crítica a la historia de la ciencia desinformada, descontextualizada y hasta inventada se centre en su calidad de amateur y no en la denuncia de estas propiedades y en la búsqueda de sus raíces. Como Brentjes admite, estas características han formado también parte del ámbito académico y de la producción de sus profesionales. ¿Por qué, pues, no centrarse en los problemas y en sus soluciones? Probablemente —¡esperemos!— el ámbito académico estará más cerca de las soluciones para evitar aquellos errores. Sin embargo, la historia nos enseña que no resulta de excesiva utilidad fijarnos en las fronteras que impone un cierto contexto histórico sobre lo que es «profesional» o «aficionado» para delimitar aquello que constituye una «buena» o «mala» historia de la ciencia.

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