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1 de Noviembre de 2017
Comunicación

El abuso de los antibióticos comienza en el lenguaje

Las tácticas radicales para frenar la propagación de ciertos patógenos como los Staphylococcus aureus resistenes a la meticilina (SARM) se beneficiarían de un frente unido, también en la terminología. [James Gathany/ Centros para el control y la prevención de enfermedades (CDC)]

Tal como nos explican con claridad Mendelson y sus colaboradores, la terminología relacionada con el tratamiento de las enfermedades infecciosas abunda en errores muy frecuentes. Repasemos aquí cuáles son las formas correctas de nombrar, en español, los diferentes elementos.

Las infecciones están causadas básicamente por cuatro tipos de agentes infecciosos: bacterias, virus, parásitos y hongos. Sinónimos de «agentes infecciosos» pueden ser las palabras «microbios» o «agentes patógenos». Por tanto, cuando nombramos a todas las clases de fármacos que en general pueden utilizarse para combatir las infecciones hablamos de «antimicrobianos». Estos incluyen a los antibacterianos o antibióticos, los antivíricos, los antiparasitarios y los antimicóticos o antifúngicos (para el tratamiento de las infecciones producidas por hongos). La actividad de cada una de ellos es bien diferente: con ciertas excepciones, un antibiótico no será útil frente a un virus, un hongo o un parásito; y lo mismo vale para los antivíricos, los antiparasitarios y los antifúngicos.

Es muy frecuente que la población general, y —lamentablemente— también los medios de comunicación, confundan esos términos. Uno de los errores más frecuentes se produce al describir las infecciones adquiridas en el ámbito de la internación. En la inmensa mayoría de los casos, estas se deben a bacterias. Sin embargo, con suma frecuencia se escucha o se lee en los medios informativos que «tal persona adquirió un virus hospitalario resistente». Tanto es así, que tal vez los médicos escuchemos a los pacientes hablar más de «virus resistentes» que de «bacterias resistentes», que son de lejos el principal problema a nivel mundial. ¿Por qué las palabras aquí importan, y mucho? Porque, entre otras cosas, las infecciones bacterianas suelen requerir la administración de un antibiótico (sinónimo de antibacteriano), pero no las de naturaleza vírica (sin duda la primera causa de resfriados, gripe, anginas, laringitis, bronquitis, sinusitis, otitis y otras infecciones respiratorias). No nos cansaremos de repetirlo: los antibióticos no actúan frente a los virus.

El uso excesivo de los antibióticos es uno de los principales problemas de salud pública a nivel mundial. La resistencia a estos medicamentos se relaciona directamente con su mal uso y abuso: consumirlos cuando no es necesario, o en dosis inferiores a las recomendadas, o abandonar el tratamiento antes de lo debido, generan rápidamente resistencia. ¿Qué significa esto? Que, muy probablemente, el día que realmente necesitemos un antibiótico, no nos va a servir. Resistencia es sinónimo, en la práctica, de ineficacia del medicamento.

Artículo incluido en

La resistencia a los antibióticos padece un problema lingüístico

    • Marc Mendelson
    • Manica Balasegaram
    • Tim Jinks
    • Céline Pulcini
    • Mike Sharland

La confusión en el uso de las palabras socava la respuesta global a la creciente ineficacia de los fármacos antimicrobianos. Los expertos defienden la necesidad de armonizar la terminología cuanto antes.

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