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1 de Noviembre de 2017
Demografía

El retorno de las hijas desaparecidas

Las tradiciones que favorecen a los hijos varones en Asia, y que resultan en la muerte o el desamparo de millones de niñas, han empezado a cambiar.

MARIA CORTE

En síntesis

Hasta hace muy poco, muchas culturas de Asia y otros lugares han valorado a los niños más que a las niñas, y las familias a menudo desatendían a las hijas o las mataban.

La pérdida de mujeres ha dañado durante generaciones a la población femenina y al resto de la sociedad, al alterar los patrones matrimoniales y el régimen de migraciones entre regiones y países.

Una mayor igualdad de género está empezando a arraigar hoy. A medida que las culturas otorgan más valor económico a las mujeres, las tasas de nacimientos dejan de estar tan inclinadas hacia los hijos varones.

«¡Las niñas ni sirven para nada ni valen nada!» gritaba una anciana de un pueblo cercano a Busan, Corea del Sur, en 1996. Estábamos hablando de familias, y las otras ancianas que se sentaban con ella asentían. ¿Por qué?, pregunté. No era porque las hijas fueran perezosas, me dijo. «No, las mujeres trabajan con ahínco en el campo, y su matrimonio no cuesta prácticamente nada. La gente no quiere hijas porque no son útiles para la familia; la abandonan cuando se casan. Son los hijos varones los que se quedan, los que heredan y mantienen los ritos del culto a los antepasados.»

En China oí comentarios similares. Un hombre contaba que, cuando nació su hija, su mujer estaba tan abatida que no quería cuidarla y tuvo que convencerla para que le diera de mamar.

Estas actitudes han tenido consecuencias mortales. La proporción natural en los nacimientos humanos es que haya solo un 5 o 6 por ciento más de niños que de niñas. Pero en China nacieron en el año 2000 un 20 por ciento más de varones. Se ha dado esta distorsión en la proporción de sexos en la mayor parte del este y sur de Asia, en el Cáucaso meridional y en zonas de los Balcanes. En todas estas áreas a las niñas las abortan, las matan al nacer o mueren por negligencia. ¿Por qué? Como decía la señora de Busan, es una cuestión puramente económica.

Estas culturas les han vedado históricamente a las hijas adultas que ayuden en casa de los padres o que hereden propiedades, lo que disminuye su valor para la familia en la que nacieron.

En tiempos recientes, sin embargo, el sesgo demográfico en contra de las mujeres ha empezado a corregirse. Corea del Sur muestra un reequilibrio en el porcentaje infantil de sexos desde mediados de los noventa: la gran desproporción entre niños y niñas ha bajado a niveles biológicos normales, e incluso se está produciendo un cambio en el país hacia la preferencia por las hijas. En la India, la tasa de sexos del censo de 2011 muestra una caída en picado de la proporción de niños varones en la parte noroccidental de la nación, donde era muy elevada. En China, el incremento de la diferencia entre los sexos se ha frenado.

Estos cambios coinciden con una rápida urbanización y con transformaciones sociales que han favorecido que las hijas sean más valiosas para sus progenitores. Las mujeres ya no desaparecen de la vida de su familia de origen; en algunos casos, hasta incorporan más hombres a esta. Veinte años después de mi trabajo de campo en Busan, una mujer me dijo en Corea del Sur: «A mi madre la maltrataron mucho cuando era joven por haber tenido tres hijas y ningún hijo. Ahora que somos mayores está muy contenta porque todas nos hemos quedado cerca de ella. Dice que sus yernos la tratan mejor que si fueran hijos».

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