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  • Noviembre 2017Nº 494

Psiquiatría

Estrés: Diferencias entre sexos

La biología de este trastorno difiere en los machos y las hembras. ¿Qué implicaciones podría tener esto a la hora de tratar el estrés postraumático, la depresión y otras enfermedades mentales?

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Piense en la última vez que se sintió estresado ¿Se le aceleró el pulso? ¿Su respiración era superficial y rápida? ¿Quizá sus músculos se tensaron y se puso en alerta? El cerebro provoca todos esos cambios fisiológicos ante situaciones que pueden poner en riesgo nuestra vida. Pero cuando esa respuesta se desencadena de manera extemporánea o persistente, puede ser peligrosa. De hecho, el estrés se ha relacionado con multitud de problemas de salud, desde cardiopatías y diabetes hasta depresión o trastorno por estrés postraumático.

Según los estudios epidemiológicos, el ser mujer prácticamente duplica el riesgo de sufrir trastornos psiquiátricos vinculados con el estrés. La cuestión fundamental es: ¿por qué? Algunos expertos argumentan que los motivos son en parte culturales. Por ejemplo, la mujer es menos reacia a buscar ayuda para sus problemas mentales que el varón, lo que aumenta la probabilidad de detectar el caso. Pero nuevas pruebas experimentales en animales sugieren que la biología también tendría mucho que decir. Los científicos están descubriendo notables diferencias en el modo en que el cerebro masculino y el femenino reaccionan y se adaptan al estrés.

Esta perspectiva viene de lejos. Históricamente, se ha estudiado casi solo con animales machos, incluso en trastornos que parecen afectar más a las mujeres. Una razón es que muchos científicos temían que las fluctuantes hormonas ováricas complicarían sus estudios, enturbiarían los datos y les forzarían a usar más probandos o a invertir más tiempo, con el consiguiente aumento de los costes. Investigaciones recientes han desacreditado esta idea —los datos recopilados en hembras no son más variables—, pero el sesgo masculino en la experimentación animal persiste.

Para abordar este problema, los Institutos Nacionales de la Salud, que financian gran parte de la investigación biomédica pública en los EE.UU., han lanzado una nueva iniciativa. Desde el año pasado, el organismo exige que todo aquel que lleve a cabo ensayos con animales incluya el sexo como variable biológica y estudie tanto machos como hembras. Por consiguiente, quien estudie el estrés crónico tendrá más posibilidades de averiguar cómo repercute en la salud de ambos sexos, labor que podría culminar en tratamientos contra trastornos mentales específicos para cada sexo y más eficaces. De hecho, algunas de las nuevas terapias más prometedoras que se están investigando (como la oxitocina para la ansiedad y la ketamina para la depresión) parecen causar efectos muy distintos en machos y hembras.

Estrés femenino
Los modelos animales usados para estudiar los efectos del estrés adoptan muchas formas. Algunos someten los roedores a un factor estresante por espacio de varios días (una breve inmovilización o un sonido que han asociado con una leve descarga eléctrica). Otros alteran los niveles de sustancias químicas ligadas al estrés en el cerebro del animal, tales como los glucocorticoides o la hormona de liberación de la corticotropina (CRH, de sus siglas en inglés), ya sea mediante ingeniería genética u otras técnicas. Sea cual sea el método, estas manipulaciones parecen desatar una respuesta más rápida e intensa en las hembras. Apenas comenzamos a saber por qué.

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