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Mala reputación

Muchas personas están dispuestas a aceptar todo tipo de sufrimientos con tal de salvar su fama.

Menos repugnantes que el racismo. [ALAMY]

Según la célebre «jerarquía de necesidades» del psicólogo Abraham Maslow, las personas persiguen la comida, el refugio y la seguridad antes que la estima y la propia realización. Entonces, ¿cuál es la explicación de los actos atrevidos y los deportes violentos que, solo por ganarse el respeto ajeno, implican un grave riesgo de sufrir lesiones? Una nueva investigación sugiere que la mencionada jerarquía tal vez sea más fluida de lo que pensábamos: para salvar su reputación, muchos individuos aceptarán pasar por situaciones desagradables o incluso dolorosas.

Con el fin de averiguar el valor que las personas otorgan a la reputación, Andy Vonasch, psicólogo de la Universidad de Carolina del Norte en Chapel Hill, y sus colaboradores sometieron a una encuesta por Internet a 111 estadounidenses. El 40 por ciento de quienes respondieron afirmaron que preferirían pasar un año en la cárcel y gozar de una reputación limpia a no ir a prisión pero tener que cargar con la fama de ser un criminal. El encarcelamiento puede resultar dañino de forma directa, pero «la reputación es lo que nos permite acceder a todo aquello que deseamos en una sociedad», explica Vonasch. En otras encuestas de tamaño similar, el 70 por ciento aseguró que daría su mano dominante a cambio de no llevar tatuada una esvástica en la cara; el 53 por ciento declaró que prefería morir de inmediato a tener una larga vida bajo la sospecha de ser un pederasta; y un 30 por ciento afirmó que escogería la muerte inmediata antes que una vida larga y feliz seguida de rumores póstumos de haber sido un pederasta. Los resultados se publicaron en julio en la edición en línea de Social Psychological and Personality Science.

¿Y más allá de casos hipotéticos? También como parte del nuevo estudio, varios estudiantes universitarios blancos pasaron un test de racismo implícito. Luego, hubieron de escoger entre que sus opiniones se difundieran ampliamente por correo electrónico e introducir la mano en un cuenco de gusanos (véase la fotografía). Los participantes que recibieron unas (falsas) altas puntuaciones de racismo implícito se mostraron más proclives a elegir los gusanos (30 frente a 4 por ciento), así como a mantener las manos en agua casi helada (63 frente a 9 por ciento), por más que muchos afirmaron no creer la amenaza del correo electrónico.

Las personas pueden llevar a cabo todo tipo de sacrificios para preservar su honor, desde el suicidio ritual o llegar a un acuerdo extrajudicial hasta ceder el asiento en el metro. En una época en la que abundan los escarmientos públicos en las redes sociales, el nuevo trabajo explica por qué, aunque los palos y las piedras puedan moler huesos, un tuit puede hacer mucho más daño.

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