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1 de Noviembre de 2017
Teoría de la decisión

Preferencias sobre preferencias

¿Es irracional preferir tomar café con azúcar aun cuando nos gustaría preferir lo contrario?

INVESTIGACIÓN Y CIENCIA

Ignoro si alguien ha hecho una encuesta al respecto, pero no me sorprendería si me dijesen que la mayor parte de los vegetarianos no solo prefieren una dieta sin carne, sino que también prefieren tener esas preferencias. Si les diesen la posibilidad de cambiar su parecer —alguna pastilla, quizá, que les hiciese querer comer carne— no la tomarían. En otras palabras, si pueden elegir entre llevar una dieta con o sin carne, se decantarán por lo segundo. Y si pudieran elegir entre desear una dieta con carne y una vegetariana, escogerían la segunda posibilidad.

Hagamos de lo anterior una definición formal. Diremos que sus preferencias son «concordantes» si cumplen con lo siguiente: dadas las posibilidades A y B, usted prefiere A a B si y solo si desea preferir A a B en lugar de preferir B a A.

Sin embargo, parece evidente que no hay nada irracional en tener preferencias no concordantes. Si me dan a elegir, yo prefiero tomar el café con azúcar a tomarlo sin ella. Pero, si pudiera, cambiaría esas preferencias: ¡ojalá me gustase más el café sin azúcar! Si bien mi situación tal vez resulte algo lamentable, no parece implicar ningún tipo de irracionalidad.

Y, por supuesto, también están aquellos casos en los que nos es indiferente qué preferencias tener. Yo prefiero pasar la tarde en casa cocinando a pasarla en el teatro. Pero me daría lo mismo si fuese al revés: si alguien me dijese que mañana voy a despertar prefiriendo pasar la tarde en el teatro en lugar de en la cocina, no le otorgaría la menor importancia.

De hecho, la mayoría de nuestras preferencias parecen ser de ese tipo: mis opiniones sobre la hora de la cena, el color de mis zapatos, a dónde ir de vacaciones... todas ellas son preferencias sobre las cuales no tengo ninguna actitud particular.

Así pues, parece que podemos hablar de tres tipos de preferencias: aquellas concordantes (las cuales seguiría manteniendo si me diesen a elegir), aquellas contradictorias (las cuales cambiaría si pudiese), y aquellas que me resultan indiferentes. Tal vez haya personas cuyas preferencias sean todas del primer tipo, pero la mayoría de nosotros no somos así. Y parece innegable que esto no debería impedirnos ser racionales.

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