Fukushima: ¿parque temático?

El destino de la central nuclear dependerá del grado de fusión del combustible, el nivel de contaminación del terreno y la inversión en labores de limpieza.
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Veinticinco años después de la catástrofe nuclear de Chernóbil, toneladas de hormigón escudan a trabajadores y visitantes de la radiactividad del combustible fundido que yace en las profundidades. En Three Mile Island, por el contrario, el reactor contiguo —e idéntico— al que hace ya más de treinta años sufriera una fusión parcial del núcleo sigue aún funcionando y rodeado de viviendas habitadas.
Estos dos escenarios (la explotación mantenida o el entierro y abandono de la planta) delimitan el abanico de opciones que se le ofrecen a Fukushima Daiichi. Al menos tres de sus seis reactores han sufrido una fusión parcial del núcleo, al igual que dos de las siete piscinas de combustible usado. Según Kurt Kehler, vicepresidente de desmantelamientos y demoliciones de la empresa de ingeniería CH2M HILL, de Colorado, son varios los reactores dañados, por lo que es probable que haya dos o tres maneras de desmantelar la central.
El destino final de Fukushima dependerá del grado de fusión del combustible, del nivel de contaminación del terreno y del dinero que el Gobierno japonés desee invertir en las labores de limpieza. Tepco, la compañía operadora de la central, estima que el núcleo de al menos uno de los reactores se habría fundido por completo. En tal caso, las barras de combustible formarían un amasijo no muy diferente del que se generó en Chernóbil, donde fue necesario enterrar el reactor bajo un sarcófago descomunal. Además, la contaminación en el área de Fukushima se ha extendido unos 30 kilómetros a la redonda y ha llegado incluso a algunas ciudades más allá de ese perímetro. Es el caso de Iitate, la cual deberá ser abandonada a menos que el suelo sobre el que se levanta se renueve por completo. Unos 80.000 residentes de otras poblaciones en circunstancias similares ya han sido evacuados.
Mientras que el Gobierno de Japón insta a la demolición de la planta, Tepco preferiría recuperar los reactores dañados en caso de que fuese posible. Por desgracia, puede que ninguna de las partes vea cumplidos sus deseos: si el combustible hubiese quedado convertido en una masa informe, los elevados niveles de radiación impedirían cualquier labor de demolición y habría que sepultar la planta. Al igual que ocurrió a los ucranianos y bielorrusos que jamás regresaron a la zona de exclusión en torno a Chernóbil, es posible que quienes habitaban en las proximidades de Fukushima tampoco regresen jamás a su hogar, y granjeros y pescadores quizá nunca retomen su actividad. En resumidas cuentas, el área en torno a Fukushima podría quedar convertida en una zona desierta durante años: un nombre más que añadir a la lista de parques nucleares inesperados y otro testimonio de los peligros de la energía nuclear.

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