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Reproducción del coral

¿Por qué solo freza en el crepúsculo?

Cortesía de Charlie Boch, UNIVERSIDAD DE CALIFORNIA, SANTA BARBARA

Es difícil cortejar al sexo opuesto cuando se está fijo en un sustrato. Ello explica la ausencia de apareamiento en los pólipos (los animales diminutos cuyos exoesqueletos forman los corales). Su estrategia para reproducirse consiste en desprender millones de espermatozoides y de óvulos que se dejan llevar hasta la superficie del océano. Allí entran en contacto, se produce la fecundación y se forman larvas que se alejan flotando para establecer nuevos arrecifes coralinos.

Quizá los pólipos no se muestren muy exigentes a la hora de escoger pareja, pero son de lo más puntuales: con una actividad febril, liberan los espermatozoides y los óvulos durante una noche al año, o quizás unas pocas noches consecutivas; y, por lo general, lo hacen poco después de la puesta del sol, en los atardeceres siguientes a una luna llena. Los científicos están ahora empezando a resolver el misterio de esa proeza de simultaneidad.

Puesto que los pólipos carecen de un sistema nervioso central, se planteaba la pregunta sobre la manera en que los distintos pólipos se coordinaban entre sí. Por lo general, un arrecife elige un día de luna llena de verano para frezar, durante unos 20 minutos, en las horas crepusculares. Aunque se ignora el modo en que los corales reconocen el mes en que han de reproducirse, Alison Sweeney, bióloga evolutiva de la Universidad de California en Santa Bárbara (UCSB), esbozó una cuestión más ajustada todavía: ¿cómo seleccionan los corales el momento preciso para frezar?
Sweeney sospechaba que los pólipos utilizaban como señal un cambio de matiz en el color del cielo del crepúsculo, que vira del rojo al azul. En la puesta de sol, la luz recorre un camino más largo a través de la atmósfera que filtra el azul, y el horizonte se torna más rojo. Antes de la luna llena, el satélite alcanza el cielo antes de la puesta de sol y, al reflejar la luz solar, añade más rojo. Justo después de una luna llena, cuando la puesta de sol precede a la salida de la Luna, el crepúsculo se vuelve más azul.

Para comprobar su hipótesis, Sweeney llevó a un equipo de la UCSB y de la Universidad de Duke a las islas Vírgenes en agosto de 2009. Observaron un arrecife de coral de astas de alce (Acropora alcicornis), una especie común en el Caribe, durante seis tardes, cerca de la época en que creían que liberaría óvulos y espermatozoides. Suspendieron un cable óptico hasta la profundidad del arrecife (unos 2,5 metros bajo el agua), conectado a un espectrofotómetro flotante. Advirtieron cambios en el color del océano cada atardecer. De modo consecuente, este reflejaba el color del cielo. El coral frezó durante los crepúsculos de azul radiante: las noches tercera y cuarta después de la luna llena, entre las 21:20 y las 21:50.

El grupo de Sweeney, que describió sus resultados en el Journal of Experimental Biology en febrero, sospecha que, al igual que los erizos de mar (que sincronizan asimismo su reproducción con los ciclos lunares), el coral de astas de alce también percibe los cambios de color a través de la piel, que contiene fotorreceptores del tipo existente en la retina humana.

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