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Actualidad científica

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  • Investigación y Ciencia
  • Abril 2009Nº 391

Física

Singularidades desnudas

Afín a un agujero negro es la inquietante singularidad desnuda. Los físicos habían creído —confiado más bien— en que tal tipo de singularidad no podía existir. Ya no están tan seguros.

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La ciencia moderna ha dado al mundo un gran número de ideas curiosas, pero pocas como el final que les depara a las estrellas de mayor masa. Cuando han agotado el combustible que las mantiene durante millones de años, no aguantan su propio peso; se desploman catastróficamente sobre sí mismas. Las estrellas modestas, el Sol entre ellas, aunque se hunden también, se estabilizan llegadas a algún punto de su empequeñecimiento. En una estrella con masa suficiente, la gravedad superará a todas las fuerzas que podrían frenar semejante desplome ("colapso"). El astro se encogerá tanto, que de tener un diámetro de millones de kilómetros pasará a no ser ni el punto de una i.

Físicos y astrónomos piensan que así se crea un agujero negro, una región de espacio de gravedad tan intensa, que nada que entre en ella podrá salir. En las entrañas de esa región hay una singularidad, el punto infinitesimal donde se concentra la masa de la estrella. El perímetro de la región recibe el nombre de horizonte de sucesos. Lo que atraviese el horizonte de sucesos no saldrá nunca, y la luz que emita también quedará atrapada: un observador externo no volverá a verlo jamás. Y todo objeto que traspasa el horizonte acaba inevitablemente en la singularidad.

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