El clima de Marte

Comenzó de manera muy parecida al primitivo de la Tierra, pero siguió una vía evolutiva diferente. Suficientemente cálido antaño para mantener corrientes de agua, Marte hoy es tan frío que el dióxido de carbono se congela en los polos.

Ha llegado el otoño al hemisferio norte de Marte. En las latitudes medias, la temperatura desciende por debajo de –70 grados Celsius; en el polo norte ya se han alcanzado, probablemente, los –123 grados, lo suficiente para congelar el dióxido de carbono, principal componente de su tenue atmósfera. Se está formando ahora un casquete de hielo seco en el polo. Antes de que acabe el invierno, el hielo alcanzará el paralelo 50o. Mientras tanto, el invierno ha terminado en el hemisferio sur y el dióxido de carbono se está evaporando del polo correspondiente. A lo largo del borde del menguante casquete polar, el fuerte contraste de temperaturas entre el hielo y el suelo, calentado por el sol de primavera, está originando fuertes vientos. Durante el corto y cálido verano meridional, en la máxima aproximación de Marte al Sol, los vientos levantarán polvo de la superficie, produciendo grandes tormentas de polvo. Puede suceder incluso que el polvo envuelva el planeta entero.

Las condiciones climáticas en Marte se conocen hoy con notable detalle gracias a las misiones realizadas por vehículos espaciales en los decenios de 1960 y 1970, particularmente la misión Viking. Aunque duro e inhóspito juzgado con criterios terrestres, el clima es allí, en algunos aspectos, similar al de la Tierra. Ambos planetas presentan un sistema global de vientos caracterizado por los alisios en los trópicos y las borrascas ciclónicas a latitudes medias. Pero las diferencias son más llamativas. Mientras que los gases dominantes en la Tierra son el nitrógeno y el oxígeno, el dióxido de carbono constituye un 95,3 por ciento de la atmósfera de Marte. La atmósfera marciana es, con mucho, la de menor masa de las dos. La presión que ejerce sobre la superficie del planeta es en promedio de 6,1 milibares, comparada con el valor medio de 1013,2 milibares en la Tierra. Mientras los investigadores esperan la llegada del próximo vehículo espacial a Marte —el Mars Observer, cuyo lanzamiento está previsto para 1990— continúan estudiando los datos del Viking. Con ellos están consiguiendo un mayor conocimiento de la evolución seguida por su clima, similar al de la Tierra en algunos aspectos y radicalmente distinto en otros.

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