Ante un frenazo repentino, ¿qué es más eficaz: bloquear las ruedas o controlar la frenada?

Uno de los mayores sustos que podemos llevarnos al conducir es el de vernos en la tesitura de tener que dar un frenazo brusco para evitar un encontronazo. ¿Cómo accionar el freno para conseguir una rápida detención, menos arriesgada? ¿Hay que apretar a fondo el pedal para bloquear las ruedas (o sea, impedir que giren)? ¿O hay que apretarlo firmemente, pero no con tanta fuerza que se "claven" las ruedas? Algunos profesores de autoescuela y ciertos físicos abogan por la primera táctica; varios textos de física defienden la segunda con el mismo vigor. Cierto es que hay automóviles modernos equipados con sistemas de freno controlados por ordenador que ajustan automáticamente la frenada sin bloquear las ruedas. Pero supongamos que nuestro modelo carece de tal sistema: ¿cuál es la táctica a seguir?

Para tomar partido debemos considerar las fuerzas de rozamiento que la calzada ejerce sobre las ruedas. Cuando una rueda gira tranquilamente, sin deslizar, se dice que el rozamiento es estático. La intensidad de la fuerza de rozamiento es igual entonces a la fuerza que la rueda ejerce paralelamente a la calzada. Cuando el movimiento del coche es estacionario y no ejerce fuerza alguna paralelamente a la calzada, no actúa sobre las ruedas ningún rozamiento. Cuando se acelera y el motor actúa sobre las ruedas, haciéndolas girar con más rapidez, las ruedas motrices impulsan entonces la calzada hacia atrás y la calzada impulsa las ruedas hacia adelante. Es precisamente esa fuerza hacia adelante lo que impele el vehículo.

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