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Ingeniería aeroespacial

Spirit, el robot explorador

Este todoterreno y su gemelo Opportunity han desafiado felizmente la maldición astronáutica del planeta rojo.

El 3 de enero, a las 20:15, hora estándar de la costa del Pacífico - el 4 a las 04:15, hora media de Greenwich -, el robot todoterreno Spirit, aún plegado en su cápsula protectora, se separó de la nave que lo había llevado desde la Tierra. Enseguida entraría en la atmósfera de Marte. Durante varias semanas, los ingenieros y científicos de la misión habían ido confeccionando una lista que recogía con sombrío detalle qué podría salir mal. Que los pernos explosivos no estallasen a tiempo; que fuertes vientos estrellasen la cápsula contra el suelo; que el vehículo se posase boca abajo y quedara irremediablemente encajado entre unas rocas. O que fallasen las comunicaciones por radio. Casi ya en los últimos días, hubo una tormenta de arena en el planeta que redujo la densidad de la atmósfera superior. Para compensarlo, los controladores programaron una apertura más temprana del paracaídas. Ocho horas antes del descenso final de la cápsula, decía Mark Adler, vicedirector del proyecto: "Estamos enviando a muy gran velocidad un complicado aparato a un entorno desconocido. Me siento tranquilo y bien dispuesto. Sólo puede haber una razón de que me encuentre así: que no soy en realidad consciente de la situación".
Con este franco reconocimiento de la posibilidad del desastre se ponía la venda antes de la herida. Si el equipo hubiese declarado que no había nada de que preocuparse, habría sido hora de empezar a inquietarse. Entre 1960 y 2002 los Estados Unidos, Rusia y Japón enviaron 33 misiones al Planeta Rojo y sólo nueve acabaron bien. Para la exploración planetaria, este porcentaje de fallos no es inusual: de las primeras 33 misiones a la Luna, sólo tuvieron éxito catorce. Pero cuesta pechar con los fallos que condenaron al Mars Climate Orbiter en 1999: olvidar la conversión de las unidades imperiales en métricas y no descubrir que ése era el error cuando la nave espacial se iba desviando de su trayectoria. Y sólo una semana antes de que el Spirit llegase a Marte, el módulo de aterrizaje británico Beagle 2 se había zambullido en la atmósfera marciana y nunca más se supo de él.

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