Aneurisma en una placa

Se opera un modelo impreso en 3D de esta alteración vascular.

En este modelo impreso en tres dimensiones de un aneurisma cerebral se observa un coágulo sanguíneo provocado (rojo). [Elisa Wasson, Lawrence Livermore Laboratory]

Los aneurismas cerebrales afectan hasta a una de cada 50 personas y ocurren cuando la pared debilitada de un vaso sanguíneo se dilata, como preámbulo a una ruptura que puede devenir mortal. Ahora se ha logrado crear en el laboratorio un modelo de aneurisma impreso en tres dimensiones que se puede «operar» insertando en su interior un artefacto que lo obstruye (obliteración) y evita su estallido. Este tipo de modelos se prestan a la personalización, pues permiten copiar el vaso sanguíneo afectado de un paciente real, de modo que el equipo médico puede probar tratamientos y hallar la mejor solución.

Como tratamiento, los neurocirujanos a veces optan por implantar una grapa metálica en el vaso dilatado para impedir la acumulación de la sangre. Otro método menos incruento consiste en insertar diminutos muelles metálicos a través de un catéter para provocar un coágulo sanguíneo que obstruya el aneurisma. La mayoría de los dispositivos han sido probados en animales, cuyos vasos no son idénticos del todo a los humanos. Y los aneurismas de laboratorio precedentes no reproducían las propiedades de los vasos sanguíneos vivos. «Pensamos que debía haber otro modo de poner a prueba esos dispositivos», afirma Lindy Jang, ingeniero biomédico de la Universidad A&M de Texas, que encabezó el novedoso estudio, publicado en Biofabrication.

Jang y sus colaboradores imprimieron en 3D un aneurisma con hidrogel y lo sembraron con las células humanas que tapizan el interior de los vasos sanguíneos cerebrales. A continuación operaron el aneurisma inyectando espirales de platino en el vaso dilatado. Por último, lo llenaron con plasma (la fracción líquida de la sangre), que formó un coágulo para sellar el abultamiento.

«Pretendemos simplificar el tratamiento de los aneurismas y acabar con las conjeturas», afirma William Hynes, coautor del estudio e ingeniero en biofabricación del Laboratorio Nacional Lawrence Livermore de EE.UU., quien practicó la intervención quirúrgica simulada. «El objetivo es usar esos dispositivos para validar los modelos, de modo que uno pueda obtener una imagen tridimensional, crear un modelo manipulable del mismo e irrigarlo con sangre para averiguar si es preciso operar el aneurisma o es mejor dejarlo estar.»

«Creo que es muy importante», sostiene sobre el nuevo modelo Matthew Gounis, ingeniero biomédico en la Facultad de Medicina de la Universidad de Massachusetts. Otros grupos han concebido modelos de aneurisma, pero este es interesante porque incorpora células vivas e imita mejor un vaso sanguíneo, aclara Gounis, que opina como mero observador. Los cirujanos podrán practicar con modelos así antes de la intervención real. «Si se presenta un caso especialmente difícil, se podrá imprimir y practicar antes de entrar en el quirófano», añade.

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