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Los virus de nuestro cuerpo

Billones de virus integran el viroma humano. Algunos son dañinos, pero otros podrían resultarnos beneficiosos si aprendemos a servirnos de ellos.

HARRY CAMPBELL

En síntesis

El organismo humano alberga unos 380 billones de virus, diez veces más que de bacterias. Aunque algunos de ellos son perjudiciales y nos provocan enfermedades, la mayoría simplemente conviven con nosotros.

En los últimos años se han realizado grandes progresos en la identificación y localización de los virus en el cuerpo, que alcanzan incluso el cerebro. Muchos son bacteriófagos: no se multiplican en nuestras células, sino en las bacterias de nuestro organismo.

Las investigaciones recientes revelan que podemos aprovechar el conocimiento sobre nuestro viroma para mejorar el diagnóstico y el tratamiento de numerosas enfermedades humanas.

Desde hace un año, millones de personas en todo el mundo han modificado por completo su vida cotidiana y han evitado el contacto con otras para frenar el avance del nuevo coronavirus. Pero, a pesar del distanciamiento social, muchas siguen cayendo enfermas a causa de otras infecciones víricas. Estas se producen porque, según están aprendiendo los científicos a marchas forzadas, multitud de virus acechan sigilosos en nuestro cuerpo, ocultos en las células pulmonares, sanguíneas o nerviosas, así como en el interior de la infinidad de microbios que colonizan el intestino.

Los biólogos calculan que nuestro organismo alberga unos 380 billones de virus, una cantidad diez veces mayor que de bacterias. Algunos causan enfermedades, pero muchos se limitan a coexistir con nosotros sin más. Un ejemplo: en un trabajo de 2019, investigadores de la Universidad de Pensilvania describieron 19 cepas de redondovirus en las vías respiratorias; un puñado de ellos se relacionaron con la periodontitis o con las neumonías, pero otros podrían combatir de hecho las afecciones respiratorias. Los conocimientos incipientes dejan claro que no estamos constituidos básicamente por células «humanas» que de vez en cuando son invadidas por microbios. En realidad, nuestro cuerpo es un superorganismo donde cohabitan células, bacterias, hongos y, además, virus, los más abundantes de todos. Los últimos recuentos indican que hasta la mitad de la materia biológica del cuerpo no sería humana.

Hace una década pocos conocían la existencia del viroma humano. Hoy vemos ese vasto contingente vírico como una parte integral del microbioma humano, un manto de organismos microscópicos pasivos y activos que colonizan prácticamente todos los rincones de nuestro ser. Hemos estado cartografiando el viroma durante diez años, y cuanto más ahondamos en él, más se parece a una asociación que influye en nuestra vida diaria, a veces para bien y otras para mal. Trabajos recientes indican que incluso podemos sacar partido del viroma para fomentar la salud. Investigadores de la Universidad Rockefeller han purificado una enzima vírica que aniquila las bacterias que afectan a los pacientes infectados por estafilococos resistentes a la meticilina. Los resultados son tan alentadores que la Agencia Federal de Fármacos y Alimentos de EE.UU. la ha calificado como un «tratamiento innovador» y ya se encuentra en la fase III de ensayos clínicos. Hoy ya hablamos con naturalidad de bacterias que son «buenas» y «malas» para nosotros. Los virus encajan en esas mismas categorías. El reto reside ahora en averiguar cómo favorecer las primeras y mantener a raya las segundas.

Infectados al nacer

El organismo humano es un ambiente propicio para los microbios, repleto como está de proteínas, grasas e hidratos de carbono. Muchos virus han sabido medrar con mesura en él, sin hacer enfermar a su anfitrión.

Puesto que todo virus necesita invadir una célula para multiplicarse, por fuerza ha de ser hábil en explotar cualquier oportunidad que se le presente en el cuerpo humano. Hace una docena de años, el abaratamiento de la secuenciación del genoma nos llevó a descubrir infinidad de virus en la cavidad bucal y en el intestino. Allá por 2013 se localizaron en la piel y las vías respiratorias, en la sangre y la orina, pero desde entonces los hemos encontrado también en otros lugares más sorprendentes. En septiembre de 2019, junto con Chandrabali Ghose y otros colaboradores publicamos un artículo sobre los virus que descubrimos en el líquido cefalorraquídeo de personas adultas sometidas a pruebas por diversas enfermedades. Pertenecían a varias familias y no estaban asociados a ninguna dolencia conocida. También hallamos los mismos en el plasma sanguíneo, en el líquido sinovial que lubrica las articulaciones y en la leche materna. Sabíamos que algunos virus infecciosos pueden introducirse en el líquido cefalorraquídeo, entre ellos los del herpes, pero el hallazgo de otros supuso una sorpresa. Hasta ahora considerado un medio estéril, el sistema nervioso central está colonizado por una comunidad vírica bastante diversa.

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