El negocio de la información

¿Cuánto valdrán dos bits en el mercado de dígitos?

Los avances en materia de ordenadores y redes informáticas inspiran imágenes de una futura “economía de la información” que pondrá al alcance de cualquiera, en cualquier tiempo y lugar, el acceso a gigabytes de datos de toda suerte. Pero la información ha sido siempre una mercancía difícil de tratar y, en algunos aspectos, los ordenadores y las redes hacen que los problemas de la compraventa y distribución de esta clase de bienes, en vez de resolverse, empeoren.

Para empezar, la abundancia misma de datos agranda la piedra con que tropieza el negocio de la información: la capacidad humana de comprender, que es limitada. Según Herbert A. Simon, premio Nobel de Economía, “qué consume la información es obvio: consume la atención de quienes la reciben. Por eso, la avalancha de aquélla empobrece la atención y crea la necesidad de que ésta se distribuya con eficacia entre la sobreabundancia de fuentes de datos que podrían agotarla”. La técnica de producción y distribución de información se torna estéril si no hay forma de situar, filtrar, organizar y resumir los datos. Los “gestores de la información” deberán conjugar la habilidad del especialista en informática, del bibliotecario, del editor y del experto en bases de datos para ayudarnos a descubrir y administrar la información. Esos nuevos profesionales trabajarán con programadores avezados en manipulación de la información, heredera de programas de indexación tales como Archie, Veronica y variopintos “rastrilladores de la Red Mundial” que prestan su ayuda a los navegantes de Internet.

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