Fusión

El uso de esta forma de energía podría generalizarse a mediados del siglo que viene.

En los años treinta, al descubrirse que la energía del Sol y las demás estrellas procedía de la fusión nuclear, se pensó en reproducir el proceso, primero en el laboratorio, luego a escala industrial. Como la fusión puede efectuarse con átomos presentes en el agua ordinaria, el control del proceso aseguraría a las generaciones venideras una fuente adecuada de energía eléctrica. Quizá nuestros nietos disfruten de esa prometedora realidad.

El Sol comprime con su fuerte gravedad los núcleos hasta altas densidades. Además, por ser en el astro altísimas las temperaturas, los núcleos de carga positiva tienen tanta energía que superan su mutua repulsión eléctrica y se acercan lo suficiente para fusionarse. Estos recursos no se encuentran al alcance de la mano en la Tierra. Las partículas que se fusionan con mayor facilidad son los núcleos de deuterio (D, isótopo de hidrógeno que lleva un neutrón extra) y el tritio (T, isótopo con dos neutrones extra). Con todo, para fusionar D y T hay que calentar intensamente los gases de hidrógeno y encerrarlos además el tiempo suficiente para que la densidad de partículas multiplicada por el tiempo de confinamiento pase de 1014 segundos por centímetro cúbico. La investigación de la fusión se ha centrado desde los años cincuenta en dos formas de conseguir ese guarismo: el confinamiento inercial y el confinamiento magnético.

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