¿Por qué trasladarse?

Millones de personas podrían liberarse de sus vehículos.

De aquí a veinte años, el transporte automovilístico de algunos países avanzados podría incorporar la técnica e información que se había reservado a la guerra táctica. Los sistemas de ayuda a la conducción instalados a bordo, alimentados por datos de seguimiento obtenidos vía satélite, indicarán las direcciones a través de una suave voz digital. En las grandes ciudades, las pantallas de tráfico avisarán de embotellamientos y rutas alternativas. El control por ordenador y los mecanismos de orientación introducidos en pasillos de denso tráfico permitirán la circulación, a una distancia mínima, de coches y camiones debidamente equipados. Tarjetas de crédito especiales abrirán el acceso a las autopistas de peaje, al aparcamiento en el centro y al asiento del tren. Algunos expertos prevén “autobuses de coches”, un tipo de remolque-tractor que podría llevar hasta 20.000 coches por hora por un carril de autopista rápida, lo que multiplicaría por diez su capacidad habitual.

Esta constelación de técnicas de la nueva era es sólo una parte de los grandes proyectos que se acarician en Europa y los Estados Unidos. En esa línea, los “Tres Grandes” fabricantes de coches de Detroit y el Ministerio de Transporte de los Estados Unidos han gastado ya, o han prometido, miles de millones de dólares en investigación, desarrollo y comercialización del Sistema de Información del Transporte, cuyo loable propósito no es otro que reforzar el rendimiento, la confortabilidad y la seguridad del tráfico. Menos encomiables son los costes: creciente consumo de carburante, contaminación ambiental, expansión suburbana y degradación de las ciudades.

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