Redes ópticas

Las fibras ópticas se tornarán más eficientes a medida que las ondas luminosas sustituyan los electrones en el procesamiento de señales.

Las redes de fibra óptica transmiten voz, vídeo y datos a velocidades de 10 a 100 veces superiores que en los tendidos habituales de hilo de cobre utilizados durante más de un siglo. A pesar de ello, sólo se ha materializado una pequeña fracción de lo que dicha técnica promete. Para dar pleno desarrollo a sus posibilidades, las fibras ópticas no pueden limitarse a reemplazar los tendidos telefónicos alámbricos por guías de luz en forma de finas hebras cilíndricas de vidrio. La transmisión óptica ha de vencer las limitaciones impuestas por la técnica electrónica que la precedió.

En las redes de fibra óptica de nuestros días, cada vez que un pulso luminoso ha de amplificarse, conmutarse, introducirse o eliminarse de la red, ha de empezar por convertirse, para ser procesado, en un flujo de electrones. Esta conversión optoelectrónica puede constituir un obstáculo en las comunicaciones a muy alta velocidad. Resulta preciso reforzar la red con elementos electrónicos más caros y complejos, y el procesamiento de los brevísimos pulsos luminosos necesarios para transmitir decenas de gigabits de información digital en un segundo se vuelve más difícil. (Un gigabit son mil millones de bits.) Alcanzada cierta velocidad de transmisión —en torno a los 50 gigabits por segundo— los equipos electrónicos tendrán dificultad para habérselas con la interminable transformación de electrones en ondas de luz y viceversa.

Puedes obtener el artículo en...

¿Tienes acceso a la revista?

Los boletines de Investigación y Ciencia

Elige qué contenidos quieres recibir.