Tren de alta velocidad

Potenciados en Europa y Japón, los trenes de alta velocidad son el complemento imprescindible de automóviles y aviones.

La época dorada del tren fue, sin duda, el período de entreguerras. Cuando, por ejemplo, de la estación central de Nueva York salían unidades sin cesar hacia los cuatro puntos cardinales: Chicago, Montreal, St. Louis, etcétera. O el tráfico continuo de las de París y Berlín. Largas redes ferroviarias se extendían por Europa y América, transportando pasajeros y mercancías. Famosos fueron, entre los primeros, el Flecha dorada, de Inglaterra, el Orient-Express en el continente y el Céfiro en los Estados Unidos, que ilustraban no sólo la velocidad, la potencia y el confort, sino el propio avance de la técnica.

El tiempo transcurrido desde entonces ha asistido al despegue de la aviación comercial y a la generalizada construcción de autopistas nacionales e internacionales. Tendencia que prosigue afianzada. ¿Qué misión se le reserva al ferrocarril en un mundo de grandes aviones de transporte subsónico y automóviles avanzados que se desplazan por autopistas “inteligentes”?

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