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1 de Noviembre de 1995
Ingeniería aeroespacial

Vehículos espaciales del siglo XXI

Una flota de vehículos espaciales baratos y miniaturizados podría sacar del estancamiento en que se encuentra la era espacial.

A la hora de abordar el futuro de las actividades espaciales importa empezar por contestar la pregunta “¿Dónde estaba el error?”. La era espacial, que comenzó con un toque de trompetas hace unos 40 años, se suponía que iba a conducir a la humanidad hacia un futuro glorioso de expansión cósmica. Pero se transformó, lo mismo que la era de la energía nuclear, en un símbolo de expectativas desmesuradas y promesas fallidas. Vivimos ahora en la era de la información, cuyas técnicas transformadoras de nuestra vida no son los cohetes ni la astronáutica, sino los microprocesadores y los algoritmos de programación. Las actividades espaciales han pasado a un segundo lugar, de apuntalamiento de las comunicaciones vía satélite que sirven de alternativa a los canales en tierra de fibras ópticas. La era espacial se desvaneció porque los grandes sueños se encarecieron sin mesura. La técnica espacial volverá a florecer cuando se le halle aplicación, no cuando se persiga como un fin en sí misma.

Uno de esos objetivos prácticos es la investigación científica. Aquí también se han confundido fines y medios. Algunos proyectos de ciencias espaciales se abultaron tanto que la política y la burocracia le arrebataron las riendas a la ciencia. Misiones a gran escala, como los sobrevuelos de los planetas exteriores por los Voyager y las observaciones de galaxias distantes por el Telescopio Espacial Hubble, han cosechado abundantísima información y han traído la gloria política a sus patrocinadores. Sin embargo, dentro y fuera de la Administración Nacional de la Aeronáutica y el Espacio (NASA) soplan vientos de cambio. Nadie plantea ya misiones de miles de millones de dólares. En el futuro, la financiación resultará más problemática. Las mejores oportunidades de vuelos se desplazarán hacia proyectos menos ambiciosos y baratos.

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