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1 de Junio de 1998
Telecomunicaciones

Redes inalámbricas terrestres

Será la conmutación perfecta e imperceptible entre redes lo que atraiga usuarios a los servicios de transmisión inalámbrica de datos. Ya está en funcionamiento un modelo de tales sistemas.
A lo largo de los diez últimos años, la telefonía móvil ha pasado de ser excepcional a cosa habitual. Más de cincuenta millones de estadounidenses, uno de cada cinco, utilizan equipos de esta clase; uno de cada seis emplea un servicio de mensajería electrónica. En los países en vías de desarrollo, donde el servicio telefónico no cubre todavía el territorio nacional, la telefonía móvil, o celular, suele ser juzgada preferible al sistema de tendido alámbrico tradicional, pues la construcción de servicios inalámbricos puede ser mucho más rápida. Como es obvio, un servicio de comunicaciones portátil, eficaz y económico tendría una gran demanda.
En cambio, la adopción de sistemas inalámbricos para la comunicación de datos ha sido, lo mismo por las empresas que por los particulares, mucho más lenta. (Los servicios de mensajería apenas si arañan la superficie de las posibilidades del sistema inalámbrico.) Se ha estimado que, en los propios Estados Unidos, las comunicaciones de datos constituyen tan sólo el 3 por ciento del tráfico inalámbrico con terminales móviles. Una de las razones que explican tal desequilibrio entre los servicios de voz y de los de transmisión de datos estriba en el servicio de teléfono inalámbrico, que ha estado a disposición de los usuarios durante más tiempo --desde comienzos de los años ochenta-- que el de datos. Y en los países industrializados, hacía mucho que todo el mundo estaba habituado a servirse del teléfono. En cambio, los ordenadores no se han generalizado hasta hace poco; por consiguiente, las aplicaciones para enlaces inalámbricos de datos están mucho menos maduras.

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