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Atrapados en ámbar

Los tejidos de insectos delicadamente conservados en ámbar revelan secretos genéticos de la evolución.
El huracán había lacerado el bosque de árboles gigantes del género Hymenaea que medraba cabe la costa centroamericana. Chorros amarillos de resina rezumaban de las ramas destrozadas y de los troncos acuchillados; los insectos se multiplicaban entre los restos. Un terme se acercó demasiado a la resina y quedó atrapado; el flujo acabó envolviéndolo. Terpenos y otros vapores aromáticos de la resina penetraron en los tejidos del terme, sustituyendo el agua y matando las bacterias.
El aire, la luz y el calor solar indujeron reacciones químicas en la resina; así, los átomos de carbono de sus largas moléculas empezaron a enlazarse. La pella de savia endurecida cayó al suelo, una entre miles. Las mareas de tormentas tropicales de cualquier año después arrastraron los fragmentos de resina y los troncos en putrefacción hasta una laguna, donde los sedimentos costeros los cubrieron. Veinticinco millones de años de presión subterránea polimerizaron todavía más la resina, haciéndola sólida y químicamente inerte. Los movimientos tectónicos acabaron por levantar la costa en empinadas montañas de 1000 metros de altura, que se convertirían en la isla caribe de la Española.

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