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  • Investigación y Ciencia
  • Noviembre 1986Nº 122

Zoología

Braquiópodos

Esos seres con apariencia de bivalvos se agrupan en dos clases. Una elige ambientes apropiados para una forma estable; otra adapta su forma y comportamiento al entorno local donde se desenvuelve.

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Al examinar formaciones sedimentarias de la era Paleozoica (de entre 600 y 220 millones de años de antigüedad), los paleontólogos suelen encontrar pares de valvas, o conchas, fosilizadas que, a primera vista, recuerdan las de los moluscos bivalvos: almejas, mejillones o zamburiñas. Un análisis más detenido revela que, a diferencia de los moluscos, estas criaturas fosilizadas poseen valvas de distinto tamaño y una disposición muy diferente de los órganos internos. De hecho, son miembros de un philum distinto, denominado Brachiopoda. En épocas prehistóricas, los braquiópodos constituyeron una de las formas de vida más abundantes y variadas que existían en la Tierra, habiéndose catalogado más de 30.000 especies a partir del registro fósil.

Hoy no abundan tanto los braquiópodos, y las especies actuales no se han estudiado en detalle, en parte porque la mayoría se encuentra en aguas muy profundas y porque ni su carne ni sus conchas tienen valor comercial. En contraste con la diversidad de las especies extintas, los tipos de braquiópodos actuales (unas 300 especies conocidas) muestran, en apariencia, una singular uniformidad. Muchos zoólogos han interpretado esa exigua diversidad como un signo de su incapacidad para competir con éxito con otros organismos marinos en la lucha evolutiva. Bajo este punto de vista, la mayoría de los braquiópodos que han logrado sobrevivir hasta nuestros días lo habrían conseguido gracias, principalmente, a la acción de fijarse sobre acantilados sumergidos en los ambientes litorales, hasta donde, literalmente, les habrían empujado los miembros de otros phila (como los moluscos) que ocupan fondos sedimentarios más alejados de la costa.

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