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1 de Noviembre de 1986
Medicina

El problema de las microondas

¿Constituye un peligro la exposición a bajos niveles de microondas? ¿Cuán estrictos deberían ser los límites de exposición? La dificultad en responder a estas preguntas se debe a que algunos de los efectos biológicos no son claros.

Los elementos de control del tráfico aéreo, el radar militar y de la policía, los sistemas de televisión por satélite, los equipos telefónicos para largas distancias, los dispositivos de diatermia utilizados en medicina y los hornos de microondas generan microondas. Excepto en el caso de que éstas se apliquen deliberadamente al cuerpo humano por motivos terapéuticos, la cuantía de esta energía invisible que alcanza al público es pequeña. ¿Representa la exposición a estos bajos niveles de energía de microondas un peligro para la salud humana?

Esta pregunta resulta más fácil de plantear que de contestar. La interacción entre microondas y organismos ha sido estudiada con más profundidad que la mayoría de los otros riesgos ambientales potenciales, y, a pesar de ello, los resultados siguen siendo objeto de controversia científica y debate público.

Los sistemas de comunicaciones constituyen una fuente extendida, aunque extremadamente débil, de exposición del público a las microondas. La controversia suele comenzar cuando una compañía solicita autorización a una autoridad local para instalar una estación de comunicaciones por microondas. El portavoz de la compañía puede explicar que las intensidades transmitidas, o niveles de potencia, serán a lo sumo miles o millones de veces menores que los límites permisibles. A su vez, dichos límites son considerablemente menores que los niveles necesarios para producir algún daño biológico.

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