La fiabilidad de la ciencia

Creatividad y control son las claves del método experimental. Nos permiten obtener conocimientos objetivos mediante teorías abstractas y provisionales, cuya fiabilidad depende, en gran parte, de las sutilezas del método utilizado.

¿Puede definir un juez qué es la ciencia? William R. Overton, de Arkansas, se sintió obligado a hacerlo en sentencia dictada el 5 de enero de 1982, con motivo de la polémica americana sobre la enseñanza del evolucionismo. En su definición, y de acuerdo con la epistemología al uso, el magistrado afirma que las teorías deben ser contrastables empíricamente, provisionales y falsables. No menciona la verdad. Esa omisión apunta hacia un problema nada trivial: ¿cuál es la validez de unas teorías que siempre están sometidas a revisiones y refutaciones?

A diferencia de las matemáticas, donde estudiamos objetos abstractos como grupos, funciones y espacios de n dimensiones, en la ciencia empírica buscamos conocer y dominar la naturaleza, y sin duda lo conseguimos. La física explora la constitución de la materia hasta dimensiones del orden de 10-16 cm (un centímetro dividido en diez mil billones de partes), la biología descubre los mecanismos de la vida llegando a los miles de millones de bases que hay en el ADN de una sola célula, y estos conocimientos nos permiten dominar la naturaleza con éxito manifiesto. Sin embargo, las teorías no son espejos donde se refleja la realidad tal cual es; más bien son redes abstractas construidas con modelos ideales, símbolos matemáticos y otros elementos que también son creaciones nuestras. ¿Cuáles son las garantías de que esos constructos teóricos se refieren a estructuras y procesos reales?

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