Homininos hambrientos

En épocas de hambruna merece la pena ser menudo

[THOMAS FUCHS]

Hace cosa de un millón de años, una pequeña mutación pudo brindar una ventaja decisiva a los humanos primitivos. Un reciente estudio publicado en Science Advances indica que una variante o alelo de un segmento esencial del ADN que codifica el gen del receptor de la hormona del crecimiento (somatotropina) protege contra el hambre, en parte al limitar la talla corporal del individuo durante los períodos de privaciones. El alelo estaba muy difundido en Homo sapiens y sus parientes, pero su frecuencia se desplomó bruscamente hace unos 40.000 años, sobre todo en Eurasia y Asia oriental. En la actualidad numerosas personas aún lo presentan.

Las investigaciones precedentes habían vinculado el alelo en cuestión, el GHRd3, con rasgos como la talla pequeña al nacer y la madurez sexual precoz, así como con otras cualidades ventajosas cuando el alimento no abunda, explica el autor principal del estudio, Omer Gokcumen, antropólogo en la Universidad de Buffalo. Pese a ello, los especialistas quieren saber con más precisión qué papel ha desempeñado la mutación en la evolución humana.

Para ahondar en la cuestión, Gokcumen y sus colaboradores recurrieron a los ratones. O más bien convirtieron algunos de estos roedores en análogos de los humanos primitivos. Con la herramienta de edición génica CRISPR-Cas9, el equipo eliminó un pedazo del gen del receptor de la somatotropina murina para que se asemejara al alelo GHRd3. Los ratones modificados no difirieron sustancialmente de los normales mientras recibieron con regularidad alimento. Pero cuando se les sometió a una dieta estricta, los machos portadores del alelo se desarrollaron con una menor estatura que sus congéneres normales. El equipo de Gokcumen comprobó asimismo que, en un grupo de 176 niños que habían sobrevivido a la desnutrición en época actual, los síntomas no habían revestido tanta gravedad en los niños y las niñas que eran portadores del GHRd3.

Tales hallazgos ayudarían a explicar por qué este alelo ha persistido tanto tiempo. Quizá en las épocas de hambruna valió la pena no crecer demasiado, especulan los investigadores, si bien en épocas de abundancia la talla grande habría prevalecido. Las variaciones en los recursos disponibles habrían compensado los costes y los beneficios de los diferentes alelos en cada población. «Es una solución de compromiso. A mí me hubiera ido mucho mejor que a Arnold Schwarzenegger si ambos hubiésemos contado con 1000 kilocalorías diarias», afirma Gokcumen.

La explicación del equipo es «plausible», opina Megan Dennis, genetista de la Universidad de California en Davis, ajena al estudio. Elogia los experimentos funcionales con ratones, pero puntualiza que el gen afectado interviene en tantos procesos básicos que resulta difícil precisar los principales efectos adaptativos del GHRd3.

Por su parte, los investigadores del estudio se siguen preguntando qué pudo motivar el declive del alelo hace unos 40.000 años. El cambio climático, la migración y la aparición de útiles de caza y pesca mejorados pudieron influir. O pudo ser algo totalmente distinto, confiesa Gokcumen: «Esa fue una época muy extraña de la evolución humana».

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