Tormentas de vapor

El aumento de la temperatura y la humedad atmosférica está intensificando los huracanes y las lluvias torrenciales.

[MARK ROSS]

En síntesis

El calentamiento global ha aumentado la cantidad de humedad contenida en la atmósfera. Desde finales del siglo pasado, el vapor de agua atmosférico ha crecido en un 4 por ciento, una cifra con importantes consecuencias para el clima.

Una mayor cantidad de vapor de agua implica tormentas cada vez más frecuentes y violentas. Y en las zonas con temperaturas elevadas, un aumento de la humedad atmosférica puede conllevar importantes riesgos para la salud humana.

El vapor de agua actúa además como un potente gas de efecto invernadero, por lo que opera como un amplificador del calentamiento global. Los modelos futuros deberán estudiar con más detalle sus efectos en el clima
del planeta.

El verano de 2021 nos brindó un flagrante ejemplo de la inestabilidad climática que cabe esperar en un mundo más cálido. A mediados de julio, las tormentas que azotaron el oeste de Alemania y Bélgica dejaron hasta 20 centímetros de precipitación en tan solo dos días. Las inundaciones se llevaron por delante algunos edificios y los arrastraron por las calles de las poblaciones. Una semana más tarde, en la provincia china de Henan, cayeron en tres días más de 60 centímetros, el equivalente a la precipitación total de un año, y centenares de miles de personas huyeron de los ríos desbordados. En la capital, Zhengzhou, los usuarios del metro publicaron vídeos en los que se veía a pasajeros atrapados en vagones inundados, estirando el cuello para alcanzar el último resquicio de aire que quedaba por encima del agua, cuyo nivel no dejaba de ascender. A mediados de agosto, un giro brusco en la corriente en chorro provocó tormentas torrenciales en Tennessee que dejaron unos asombrosos 43 centímetros en solo 24 horas, inundaciones que causaron la muerte de al menos 20 personas. Ninguno de esos sistemas tormentosos tenía la categoría de huracán o borrasca tropical.

Sin embargo, muy pronto el huracán Ida se arremolinó en el golfo de México, la novena tormenta tropical con nombre en la activa temporada que azotaba el Atlántico Norte. El 28 de agosto comenzó como una tormenta de categoría 1, con vientos sostenidos de 136 kilómetros por hora. Menos de 24 horas después, Ida alcanzó la categoría 4, con casi el doble de la velocidad que utiliza el Centro Nacional de Huracanes de EE.UU. para definir una tormenta que se intensifica rápidamente. Al golpear la costa de Luisiana con vientos de 240 kilómetros por hora, dejó a más de un millón de personas sin electricidad y a más de 600.000 sin agua durante días. La furia de Ida continuó hacia el noreste, donde dejó un récord de 8 centímetros de lluvia en una hora en la ciudad de Nueva York. La tormenta causó la muerte de al menos 80 personas y devastó toda una franja de poblaciones en el este de
Estados Unidos.

Todos esos eventos destructivos tienen un denominador común: la presencia de un ingente volumen de vapor de agua. El vapor de agua desempeña una función fundamental tanto en la activación de tormentas con alto poder destructivo como en la aceleración del cambio climático. A medida que los océanos y la atmósfera se calientan, se incorpora al aire más agua procedente de la evaporación. El aire caliente, a su vez, puede retener más cantidad de vapor antes de que este se condense en gotas y forme nubes que pueden causar lluvias torrenciales. La cantidad de vapor atmosférico ha aumentado cerca de un 4 por ciento en todo el mundo desde mediados de la década de los noventa. Si bien no parece una cifra elevada, sí lo es para el sistema climático. Una atmósfera con más vapor supone un aporte adicional de energía y humedad para desencadenar tormentas de todo tipo, como las tormentas eléctricas estivales, los ciclones, los huracanes e incluso las tempestades de nieve. El vapor adicional permite una rápida intensificación de las tormentas tropicales como Ida, lo que concede poco tiempo a los responsables de seguridad para alertar a la población que se halla en el punto de mira.

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