Absorción celular de la glucosa

La glucosa, un nutriente esencial, sólo puede entrar en las células con la ayuda de cierta proteína transportadora. ¿Cuáles son la estructura y la función de ese transportador? ¿De qué modo lo regula la insulina?

La glucosa es la divisa oficial del metabolismo. Absorbida en el intestino y producida por el hígado, este azúcar viaja, vehiculada por la sangre, a todos los tejidos del organismo, que la emplean como recurso energético y precursor primordial de otros compuestos que contienen carbono. Un acceso a las células que, sin embargo, resulta ser bastante alambicado. Ha de transportarla al interior una proteína específica que se halla anclada en la membrana de la célula. Durante los últimos diez años, varios laboratorios, el nuestro incluido, han venido desentrañando la estructura de esa proteína y su curiosa manera de proceder. Se han descubierto ya cinco formas moleculares del transportador, cada una de las cuales está adaptada a las necesidades metabólicas del tejido donde reside.

Los acontecimientos mediados por estas moléculas vitales comienzan tras la ingestión de carbohidratos. El intestino degrada esos hidratos de carbono en glucosa, que pasa al torrente sanguíneo. Esa subida de glucosa en sangre estimula las células beta del páncreas para que liberen insulina, hormona que limpia de glucosa la sangre por doble vía: impide la liberación hepática de glucosa y activa la captación del azúcar por el músculo y el tejido adiposo. Las células musculares convierten la glucosa en glucógeno, un carbohidrato polimerizado, de rápida reconversión en glucosa. Los adipocitos convierten la glucosa en gotas de grasa para un almacenamiento duradero. Cuando bajan los niveles de glucosa en sangre, las células beta suspenden la secreción de insulina, y el metabolismo torna al estado basal.

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