Reparación de la médula espinal

Hasta hace poco casi una esperanza infundada, ahora parece plausible cierto grado de restauración de las lesiones de médula espinal.
Para el gimnasta chino Sang Lan, la causa fue una caída de cabeza, muy divulgada por los medios de comunicación, durante los entrenamientos para los Juegos de Buena Voluntad de 1998. Para Richard Castaldo, de Littleton, las balas; para el que fuera jugador de fútbol americano Dennis Byrd, un encontronazo en 1992 en el terreno de juego; y para la pequeña Samantha Jennifer Reed, una caída en la infancia. No importa la causa, el resultado de una lesión traumática grave de la médula espinal es, demasiado a menudo, el mismo: parálisis total o parcial y pérdida de sensibilidad por debajo del nivel de la lesión.
Diez años atrás los médicos no disponían de medios para limitar esta incapacidad, fuera de estabilizar la médula para prevenir lesiones ulteriores, tratar las infecciones e indicar una terapia rehabilitadora que sacara el máximo partido de las posibilidades remanentes. No podía confiarse en que la médula se autorregenerara. A diferencia del sistema nervioso periférico, el sistema nervioso central (médula espinal y cerebro) no se regenera bien. Contados eran los esperanzados en que la situación cambiara.

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