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  • Junio 2018Nº 501

Clima

Colapso ártico

El ártico bate un récord tras otro y perturba el tiempo en el resto del planeta.

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En 2003, veinticinco científicos tuvimos una revelación sobre el Ártico. La Fundación Nacional para la Ciencia de EE.UU. nos había invitado a celebrar un encuentro en Big Sky, Montana. Antes de esa reunión, cada uno de nosotros había limitado la investigación del Ártico a sus propios objetivos. Pero, al compartir nuestros estudios, llegamos a una inquietante conclusión: los cambios que habíamos observado por separado se relacionaban a la perfección entre sí. La totalidad del sistema ártico se dirigía hacia un nuevo estado de precariedad, y toda esperanza de detenerlo parecía improbable.

Publicamos un artículo que recogía una conclusión tan asombrosa como controvertida: de mantenerse aquella velocidad de cambio, existía la posibilidad de que, al cabo de un siglo, se viese un Ártico carente de hielo durante el verano, algo que no ha ocurrido en miles de años. Hoy me alarmo de nuevo al comprobar que el océano podría perder todo su hielo en el verano de 2040, 60 años antes de lo que vaticinamos entonces.

Los cambios que está experimentando el Ártico son los previstos por los científicos, pero ocurren con mucha mayor rapidez que lo calculado hasta por las predicciones más pesimistas. Las observaciones recientes se salen de cualquier gráfico. En tan solo tres años se han desmoronado más de una docena de récords climáticos que habían permanecido estables durante décadas, como los referentes a la desaparición del hielo marino estival, a una menor cantidad de hielo durante el invierno, al calentamiento del aire y a la descongelación del suelo.

Dicha tendencia vaticina problemas para la población mundial. En la última ocasión en que el Ártico alcanzó unas temperaturas ligeramente más cálidas que las actuales, hace unos 125.000 años, la superficie oceánica estaba entre 4 y 6 metros más elevada. Adiós a Miami, Nueva Orleans, gran parte de la ciudad de Nueva York y de Silicon Valley, así como a Venecia, Londres y Shanghái. Las últimas investigaciones indican que el rápido calentamiento del Ártico tiende también a modificar la corriente en chorro de una forma que causa una inusual persistencia de fenómenos meteorológicos extremos en Norteamérica, Europa central y Asia. Ello somete a millones de personas a implacables olas de calor, sequías e incesantes tormentas. El plancton está aumentando en el sur del océano Ártico, lo que podría desestabilizar cadenas tróficas de las que dependen bancos de pesca. Además, al deshielo masivo se une una enorme masa de agua dulce localizada al sur de Groenlandia que quizás esté ralentizando la corriente del Golfo, algo que podría alterar notablemente la dinámica meteorológica de los continentes que flanquean el Atlántico. ¿A que se debe este cambio vertiginoso?

Adiós a un hielo «eterno»
Los científicos invierten un gran esfuerzo en observar el Ártico porque es muy sensible al cambio climático. Actúa como señal de alerta para el sistema climático global. La larga lista de récords que se han batido en los últimos años pone de manifiesto que las inquietantes simulaciones climáticas de las últimas décadas están bien encaminadas. Pero los datos revelan algo aún más relevante: nuestras predicciones con respecto a los cambios que se avecinan podrían estar pecando de moderadas.

En tan solo 40 años, la extensión de hielo ártico durante el verano se ha reducido a nada menos que la mitad. El volumen de hielo a lo largo de un año es también mucho menor: cerca de una cuarta parte del registrado a comienzos de la década de 1980. Hasta hace poco, se pensaba que tales extremos no se alcanzarían, como pronto, hasta mediados de siglo.

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