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  • Investigación y Ciencia
  • Junio 2018Nº 501
Panorama

Etología

Comunicación visual en la penumbra

Aves y mamíferos de hábitos nocturnos se sirven también de señales visuales en la oscuridad, además de las sonoras.

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La vida es una compleja red de relaciones entre organismos, y la supervivencia de cada individuo depende de su capacidad de extraer y transmitir información. Los animales han desarrollado una gran diversidad de estrategias para comunicarse. Entre ellas, la comunicación visual resulta de vital importancia para todas las especies, incluidas las nocturnas. Si bien durante muchos años hemos pensado que los animales nocturnos se comunicaban únicamente a través de señales vocales y químicas, trabajos recientes parecen contradecir esa idea.

Durante el día, el mundo es un lugar coloreado. La variabilidad en la coloración representa una forma muy común de comunicación visual. Pero, cuando la luz escasea, los colores se vuelven indistinguibles y entonces cobran importancia los contrastes entre ellos. Por esta razón, las especies nocturnas suelen presentar plumajes o pelajes acromáticos.

A pesar de su relevancia, la comunicación visual en los animales nocturnos es un campo de investigación que ha recibido poca atención. Recientemente, hemos escrito un artículo de revisión donde demostramos que el oscuro mundo nocturno está repleto de señales visuales. Sobre la base de ese trabajo, les invitamos a recorrer aquí un viaje por el amplio pero poco conocido mundo de las señales visuales en los animales nocturnos.

El lenguaje nocturno de las aves
Los búhos reales (Bubo bubo)cantan durante el crepúsculo, un tiempo con unas condiciones de luz muy específicas que modifican las estrategias de comunicación entre los animales. Esta rapaz presenta una mancha blanca en la garganta, zona que se dilata y se contrae sucesivamente durante los eventos vocales. Los búhos la utilizan como una señal de alto contraste respecto a la tenue luz del entorno, razón por la que cantan más en esas horas. Otras especies de aves también exhiben sus plumajes alares en el crepúsculo. Es el caso de los chotacabas cuelgacintas (Semeiophorus vexillarius) y los machos de la avutarda de Ludwig (Neotis ludwigii).

La comunicación visual en las aves nocturnas también viene modulada por los ciclos lunares. Los vuelos nupciales de la agachadiza japonesa (Gallinago hardwickii) no solo tienen lugar al amanecer y al atardecer, sino también a medianoche durante la fase de luna llena. Esta mayor actividad en esas noches podría deberse a las mayores posibilidades que tienen los machos de localizar a las hembras bajo el claro de luna, debido a las marcas blancas que estas presentan.

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