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1 de Junio de 2018
Biología marina

El plancton versátil

Los mixótrofos, diminutas criaturas acuáticas que cazan como animales y crecen como plantas, influyen en multitud de fenómenos, desde las poblaciones de peces hasta el ritmo del cambio climático.

Monstruos diminutos: Existen distintos tipos de mixótrofos. Los miembros del orden Nassellaria arrebatan los órganos fotosintéticos a sus víctimas. [FRANK FOX, mikro-foto.de]

En síntesis

Se creía que la red trófica del océano, clave para el ecosistema planetario, dependía solo de dos grupos de organismos: el fitoplancton y el zooplancton.

Nuevos datos demuestran que gran parte del plancton está compuesto por «mixótrofos», capaces de emplear la energía solar como las plantas y de depredar como los animales para sobrevivir.

Estos microorganismos híbridos ejercen una enorme influencia en la abundancia global de carbono, las poblaciones de peces y las floraciones algales nocivas.

El sol del verano centellea a través de las aguas templadas de la costa española. El mar se antoja relajado, en calma. Cerca de la superficie, imperceptible a simple vista, un enjambre de organismos planctónicos, unos de color rosa anaranjado y otros de verde oscuro, describe círculos lentamente mientras atrapa los rayos solares para transformar su energía en alimento mediante la fotosíntesis.

De improviso, una criatura tentaculada, un «gigante» de 22 micrómetros que empequeñece al plancton fotosintético con sus escasos 3 micrómetros, zigzaguea a través del líquido elemento mientras absorbe los glúcidos y los aminoácidos que se difunden desde los organismos de menor tamaño. Con sus tentáculos, Mesodinium captura y engulle a las desventuradas presas verdes, nanoflagelados, que son digeridas por completo.

Más selectivo, pero igualmente brutal, demuestra ser con las presas rosadas, denominadas criptófitos. Si bien destruye y digiere la mayor parte de la víctima, esta vez separa delicadamente los orgánulos responsables de la fotosíntesis. En pocos minutos, el traslúcido Mesodinium vira al rojo oscuro, a medida que llena su cuerpo con las partes robadas, cloroplastos y nucleosomas, que permanecen intactas y funcionales. Incapaz de asimilar el dióxido de carbono por sí solo como un auténtico fotosintetizador, depende de los cloroplastos de sus víctimas. La estrategia ambivalente de este depredador, consistente en cazar como un animal y fotosintetizar como una planta, se conoce como mixotrofia.

Pero Mesodinium no va a disfrutar tranquilamente de su botín durante mucho rato. Cerca acecha otro mixótrofo, algo mayor y con una técnica de caza diferente: el dinoflagelado Dinophysis. Este primero describe círculos en torno a él y luego le lanza filamentos en forma de arpón para inmovilizarlo. Luego, el captor le da el golpe de gracia: dirige hacia el cautivo un apéndice o pedúnculo, semejante en forma y función a una pajita, con el que succiona su contenido, incluido el cloroplasto robado. Esta fábrica fotosintética de tercera mano pasa a formar parte del nuevo hospedador y empieza a trabajar en el interior de Dinophysis, a quien suministrará energía vital. Los restos de su primer captor quedan a la deriva.

Estos depredadores unicelulares constituyen solo dos ejemplos de los incontables mixótrofos que pueblan los mares. Durante mucho tiempo, la mayoría de los biólogos marinos les restó importancia; meras curiosidades en comparación con los dos grupos multitudinarios del plancton unicelular, que se suponía dominaban la base de las redes tróficas marinas. El primero de ambos, el fitoplancton, de atributos vegetales, emplea la energía de la luz y los nutrientes inorgánicos como el nitrato para proliferar. El segundo, el zooplancton, afín a los animales, se alimenta del primero. Gracias a este último, los nutrientes circulan hacia las especies de mayor tamaño. En contraste con estos puristas, los mixótrofos eran considerados bichos raros, aprendices de todo y maestros de nada. Se conocían también contados ejemplos de mixótrofos terrestres, como las plantas insectívoras similares a la venus atrapamoscas.

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