Utilizamos cookies propias y de terceros para mejorar nuestros servicios y facilitarle el uso de la web mediante el análisis de sus preferencias de navegación. También compartimos la información sobre el tráfico por nuestra web a los medios sociales y de publicidad con los que colaboramos. Si continúa navegando, consideramos que acepta nuestra Política de cookies .

Actualidad científica

Síguenos
  • Google+
  • RSS
  • Investigación y Ciencia
  • Junio 2018Nº 501
Apuntes

Educación

Gratuito

Naturaleza y educación ambiental

Los niños de distintas culturas ven el entorno natural de forma diferente.

Menear

¿Cómo entienden los niños pequeños la naturaleza? La mayoría de las investigaciones acerca de esta cuestión ha tenido como protagonistas a niños estadounidenses, de clase media y raza blanca que viven en entornos urbanos próximos a grandes centros universitarios. Incluso cuando los psicólogos incluyen niños de otras comunidades, con demasiada frecuencia recurren a métodos experimentales concebidos para niños que viven en la ciudad. Por fin se ha elaborado una metodología destinada al estudio de los niños amerindios que viven en entornos rurales y de su visión de la naturaleza, cuyas respuestas se han comparado con las de sus iguales urbanos. Los resultados brindan una rara visión intercultural de la educación ambiental durante la primera infancia.

Sandra Waxman, especialista en psicología del desarrollo en la Universidad del Noroeste, y sus colaboradores mantienen una dilatada colaboración con los menómini, una tribu amerindia de Wisconsin. Cuando los autores presentaron los planes del estudio a los miembros de la tribu que habían sido formados como ayudantes de investigación, estos discreparon porque en su opinión el experimento —que implicaba la observación de los niños jugando con figuras de animales— no era culturalmente apropiado. A ojos de los menómini resulta absurdo pensar en los animales como en algo disociado de su entorno natural, asegura Waxman.

En lugar de ello, uno de los investigadores nativos construyó un diorama que contaba con árboles, prados y rocas de gran realismo, además de los animales de juguete en cuestión. Los investigadores observaron cómo jugaban con él tres grupos de niños de cuatro años: menóminis de origen rural, otros amerindios y, por último, otros estadounidenses que vivían en Chicago y sus alrededores.

Los tres grupos prefirieron los escenarios realistas y los animales de juguete a los escenarios imaginarios. Pero los dos grupos de niños amerindios eran más propensos a imaginar que ellos mismos eran los animales, antes que conferir atributos humanos a estos. Y los menómini rurales resultaron especialmente locuaces durante el experimento, en contraste con investigaciones previas que los habían calificado como menos habladores que sus iguales no amerindios. Los resultados se publicaron el pasado noviembre en Journal of Cognition and Development.

«La participación de las comunidades tribales en todos los aspectos de la investigación (planificación, diseño, ejecución, análisis y divulgación del estudio) debe ser el requisito mínimo para toda investigación que competa a los amerindios», afirma Corey Welch, director del programa académico STEM de la Universidad Estatal de Iowa y, a la sazón, miembro de los cheyenes del norte.

Puede conseguir el artículo en: