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Perezosos gruñones

La inactividad prolongada puede agriar el carácter.

© IgorZakowski/ISTOCKPHOTO

Hace tiempo que el sedentarismo se vincula con ciertos problemas de salud, pero un creciente volumen de pruebas plantea ahora que podría influir también en la personalidad. Investigaciones pretéritas hallaron ciertas asociaciones entre la falta de ejercicio y el deterioro en rasgos del carácter, como la responsabilidad, valorados entre cuatro y diez años después de la primera encuesta. Ahora, el mayor análisis de su tipo hasta la fecha ha prolongado el seguimiento durante períodos aún más largos para confirmar esos vínculos y revela que persisten por espacio de casi dos décadas.

Un grupo encabezado por el psicólogo Yannick Stephan, de la Universidad de Montpellier, llegó a semejante conclusión tras combinar los datos de dos grandes estudios basados en encuestas. El Estudio Longitudinal de Wisconsin (WLS, por sus siglas en inglés) sometió a seguimiento a personas que se habían graduado en institutos de educación secundaria de ese estado en 1957, así como a algunos de sus hermanos. El estudio sobre la Mediana Edad en Estados Unidos (MIDUS) reclutó habitantes de todo el país. Los participantes de ambos han rellenado cuestionarios de personalidad desde que fueran inscritos por primera vez durante los años noventa, y respondieron preguntas referentes a sus hábitos de ejercicio y su salud.

Casi veinte años después, cerca de 9000 personas volvieron a someterse a las mismas encuestas. Stephan y su equipo constataron que las personas que afirmaban ser más sedentarias presentaban en promedio mayores reducciones de su responsabilidad, apertura a la experiencia, amabilidad y extroversión (cuatro de los llamados cinco grandes rasgos básicos de la personalidad), incluso teniendo en cuenta las diferencias iniciales entre ellas en cuanto a la personalidad y el estado de salud. No se ha observado ningún vínculo con el quinto rasgo, el neuroticismo (equilibrio emocional). Los cambios son pequeños, pero el vínculo con la actividad física es relativamente estrecho. Esta predijo mejor el cambio de personalidad que todas las enfermedades sufridas, por ejemplo. Los resultados se publicaron en abril en Journal of Research in Personality.

Numerosos mecanismos podrían estar implicados, desde factores fisiológicos, como la respuesta al estrés, hasta cambios en la capacidad física, todos los cuales pueden alterar la sociabilidad de las personas. «La personalidad es, en parte, lo que hacemos reiteradamente, por lo que los cambios de hábitos pueden traducirse en cambios de la personalidad», afirma Markus Jokela, epidemiólogo de la Universidad de Helsinki, ajeno al nuevo estudio.

Pero la relación no implica causa. Otros factores, como la genética o los acontecimientos que vivimos en los primeros años de vida, influirían en la actividad física y en la personalidad. Los resultados tendrán que ser reproducidos en muestras procedentes de culturas distintas y en estudios que hagan uso de medidas objetivas de los hábitos activos.

Con todo, el nuevo análisis saca a relucir la idea de que la personalidad es maleable a lo largo de la vida. Asimismo, concuerda con estudios que la vinculan con la salud. «Esos resultados recalcan la necesidad de fomentar la actividad física en la mediana y la tercera edad», explica Stephan.

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