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1 de Junio de 2017
Tecnología médica

Priorización en las crisis radiactivas

Una nueva prueba sanguínea validada en monos podría acelerar el diagnóstico de los afectados por accidentes nucleares.

Zona de exclusión cercana a la central nuclear de Fukushima Daiichi, el 26 de febrero de 2016. [CHRISTOPHER FURLONG, GETTY IMAGES]

Tras una catástrofe nuclear como la que afectó a la central japonesa de Fukushima Daiichi en 2011, los primeros en prestar asistencia necesitan medir con rapidez la exposición a la radiación de forma masiva y decidir quién precisa tratamiento urgente. Las pruebas disponibles son rápidas y precisas, pero exigen laboratorios bien equipados, instrumental caro y gran pericia, afirma Dipanjan Chowdhury, oncólogo radioterápico del Instituto Oncológico Dana Farber. «En situaciones como esa, no se cuenta con una provisión cuantiosa de fármacos para paliar los efectos de la radiación», aclara. Así que: ¿cómo decidir quién debe ser tratado?

Para abordar esta cuestión, Chowdhury y sus colaboradores están desarrollando un análisis sencillo que los servicios de emergencia podrían desplegar sobre el terreno sin contar con gran experiencia o equipamiento. La prueba, descrita el pasado marzo en Science Translational Medicine, detecta los niveles de ciertas moléculas presentes en la sangre y en otros líquidos corporales, los denominados microARN. Los mismos investigadores habían descubierto antes ciertos microARN cuyos niveles aumentan o descienden en los ratones expuestos a la radiación.

Los miembros del equipo de Chowdhury hallaron que esta señal radiactiva también la presentan los monos, que son los mejores sustitutos del ser humano en los ensayos de laboratorio. Su estudio ha descubierto siete microARN que fluctúan tanto en los ratones como en los macacos irradiados. Estos últimos recibieron dosis letales de 5,8, 6,5 o 7,2 grays de irradiación de cuerpo entero, similar a los niveles inhalados por los operarios de Fukushima (todos recibieron dosis letales, pero solo algunos murieron). Juntos, tres de esos microARN (miR-133b, miR-215 y miR-375) indican con una precisión del 100 por cien si un macaco ha recibido radiación, y otros dos (miR-30a y miR-126) predicen si la cantidad recibida será mortal. La señal aparece en las 24 horas posteriores a la exposición y se puede medir con la reacción en cadena de la polimerasa, una técnica hoy corriente, más conocida por su abreviatura, PCR (por sus siglas en inglés). «A tenor de los componentes y de la complejidad, la prueba de los microARN será notablemente más asequible que cualquiera de las demás disponibles», asegura Chowdhury.

Los hallazgos en primates son alentadores, opina Nicholas Dainiak, director del Centro de Formación y de Asistencia de Emergencia contra la Radiación del Instituto Oak Ridge para la Ciencia y la Educación, ajeno al estudio. Sin embargo, este experto no oculta su escepticismo de que la prueba supere el método de referencia con el que se valora la exposición radiactiva: el ensayo del cromosoma dicéntrico (DCA), que requiere pericia técnica y equipos cuidadosamente calibrados. «Cada vez que aparece una prueba nueva y se compara con el DCA, suele fracasar», señala Dainiak.

Chowdhury ha mantenido contactos preliminares con empresas interesadas en crear un kit de diagnóstico rápido para la irradiación. «La gente me cuenta: "Mucho de lo que se ha hecho en ratones nunca sale a relucir en los primates." Pues bien, ahora sí parece que lo hemos logrado», explica Chowdhury.

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