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¿Huele a enemigo?

Las hormigas no atacan si no reconocen con certeza el aroma de sus enemigos.

THOMAS FUCHS

Identificar a las compañeras del propio bando es una cuestión de vida o muerte para una hormiga: tomar a una intrusa por compañera, o viceversa, puede desatar una confusión fatal.

Hace tiempo que sabemos que las hormigas que se mueven con soltura entre una multitud de ellas solo atacan a las que pueden ser hostiles. Nuevas investigaciones señalan a los receptores olfativos ubicados en las antenas como la clave de esa violencia selectiva: sin ellos, la hormiga queda «cegada» y deja de atacar.

«Se da por hecho que la agresión en las hormigas se rige por una regla sencilla: si un individuo huele algo que no le recuerde a su colonia natal, atacará», explica Laurence Zwiebel, uno de los autores del nuevo estudio y biólogo en la Universidad Vanderbilt. Pero el trabajo demuestra que no es tan sencillo. Las hormigas no atacan si no huelen nada, o incluso si no reconocen el rastro. «Para que ataquen han de identificar una señal precisa en las hormigas de otro hormiguero», aclara Zwiebel.

Él y sus colaboradores se basan en estudios precedentes que descubrieron una mezcla de olores sobre el exoesqueleto de estos insectos, así como receptores olfativos encargados de su captación. En el nuevo estudio se ha comprobado que cuando los receptores están alterados, la hormiga no diferencia a las compañeras de las intrusas, con las que normalmente lucharía; en lugar de ello, permanece pasiva. Las conclusiones se publicaron en enero en el Journal of Experimental Biology.

Los autores construyeron primero un cuadrilátero en miniatura, una placa con separadores de plástico. Después manipularon los receptores olfativos de unas hormigas carpinteras de Florida del mismo hormiguero y de otros vecinos: los bloquearon o los sobreestimularon químicamente. Cuando las colocaron en la palestra y alzaron los separadores, las hormigas con los receptores alterados no reaccionaron ante las intrusas. «El estudio demuestra que tanto la ausencia del olor como la presencia de un olor confuso inhiben la reacción agresiva», explica Zwiebel.

Las hormigas poseen más de 400 receptores olfativos, así que el paso siguiente, en opinión de Zwiebel, consistirá en averiguar cuáles deben funcionar correctamente para reconocer el olor de una adversaria. (En el estudio se embotaron o se estimularon todos.)

Según Volker Nehring, biólogo en la Universidad de Friburgo que no ha participado en el estudio, esta investigación podría allanar el camino a nuevos estudios sobre el reconocimiento en el mundo animal. «No sabemos gran cosa sobre el reconocimiento olfativo del hormiguero propio, por lo que la interferencia temporal de los receptores sería un buen modo de ahondar en la cuestión.»

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